Nuevamente quedó al descubierto la falta de infraestructura para saneamiento ambiental y la falta de previsibilidad de las autoridades de turno a la hora de proyectar políticas públicas serias y sostenibles.
Cada gobierno permite que se pierda millonarios montos debido a la improvisación de funcionarios, cuando menos ineptos. Es lo que ocurrió con el metrobús y, consecuentemente, con el desagüe cloacal del cual dependía Ingavi. Se malgastó el dinero previsto para las obras.
Nuestro país no puede progresar en estas condiciones, ya que para atraer a inversionistas se debe ofrecer lo básico, como una red donde arrojar efluentes tratados.
Los cauces hídricos de nuestra República están contaminados, así como el Acuífero Patiño, a consecuencia de las filtraciones de pozos ciegos que se siguen utilizando por el déficit de alcantarillado sanitario en nuestro país.
Hasta las calles de muchas ciudades están regadas por pestilentes desechos cloacales. En el distrito de San Lorenzo, por ejemplo, el ciudadano desde hace al menos dos décadas se ve obligado a soportar el hedor de aguas negras frente a sus casas, negocios, instituciones educativas, zonas comerciales, etcétera. Esa situación se debe al colapso del sistema que no acompaña el crecimiento urbanístico.
Resulta evidente que las cosas no van a mejorar si el ciudadano no se involucra en los planes para cada distrito. La participación es la única manera de exigir el cumplimiento de las leyes ambientales al momento de proyectar obras de infraestructura. En caso contrario, se corre el riesgo de nadar en la cloaca porque las autoridades y funcionarios están acostumbradas a la improvisación.