La emisión de la orden de su detención generó tal embrollo de interpretaciones jurídicas que los especialistas en derecho se han puesto en bandos antagónicos para defender (o no) su posible destitución como miembro de la Cámara Baja.
La cuestión es simple, si un representante del pueblo es puesto bajo la lupa de la justicia y su gestión está en entredicho, lo mínimo que debe hacer esa persona es buscar por todos los medios ofrecer lo que sea necesario para echar luz sobre el tema y salir airoso, o no, de esta situación.
Sin embargo, hemos visto a lo largo de muchos meses las 50 sombras de Cuevas, quien con todas las escalas de grises al negro, ha querido vernos la cara incidentando una y otra vez el proceso. Eso no sería tan grave si es que con este caso toda la Cámara de Diputados no tuviera proyectado invertir precioso tiempo de legislatura en analizar si corresponde o no otorgar permiso de “ausencia por cárcel”.
Muy cercano al presidente Mario Abdo Benítez, Cuevas se confía de eso como carta ganadora para no cumplir con lo que dice la ley, ganar tiempo enquilombando el proceso, no darles “el gusto” a sus adversarios de estar preso, o estar “un tiempito”, y luego salir de la cárcel para disfrutar de la fresca viruta obtenida a costa del poder por sobre la necesidad del pueblo.
En los primeros días de marzo veremos si es que todavía queda algo de dignidad en los diputados y de una vez por todas nos dan muestras de que podemos intentar, al menos para la exportación, empezar a ser un país serio.