Grandes enseñanzas

Este quizás sea uno de los peores y a la vez mejores momentos que está viviendo el país. Peor, por el golpe que está sufriendo la economía, especialmente los pequeños y medianos empresarios, y las personas que se ganan el día a día con su trabajo y esfuerzo.

Sin embargo, esta crisis también es un tiempo de grandes enseñanzas y aprendizajes: a la fuerza se aprendió la importancia de la higiene con el lavado constante de las manos y la desinfección de los ambientes. Asimismo, hoy sabemos de la importancia de tener un pequeño ahorro y de cómo administrar mejor los recursos para enfrentar lo que venga.

Aunque una de las cosas más importantes que, quizás, mucha gente olvidó en los últimos tiempos, por los avatares de la vida, es mirar a nuestros padres y ancianos de una forma diferente, sabiendo que ellos son los más vulnerables en este momento. Y que hay una alta posibilidad de perderlos si llegan a contagiarse.

Esta circunstancia hizo que muchos hijos cumplan con su deber de honrar y cuidar a sus padres, aislando los, cuidando y velando por su bienestar. Una obligación innata de los hijos, pero que muchos recién ahora están poniendo en práctica.

La cuarentena y el aislamiento social es la única forma de ganar tiempo, para que los hospitales de contingencia se terminen y más respiradores lleguen al país.

En el mejor de los casos, el diez por ciento de la población –aproximadamente, 600.000 habitantes– se contagiaran con la enfermedad; de ellos, el diez por ciento requerirán respiradores, es decir, 60.000 personas. A nivel país, solo tenemos 700 respiradores y camas de terapia intensiva. Y es ahí donde radica el grave problema, porque más de 59.000 personas podrían morir por falta de atención especializada.

Es por ello que necesitamos estar conscientes de la importancia de seguir las recomendaciones y quedarnos en la casa, en la medida de las posibilidades.

El dolor de perder a un familiar es infinitamente más grande que el aburrimiento de no poder salir y divertirse. La salud no tiene precio. La economía puede recuperarse, la vida no.

desire.cabrera@abc.com.py

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