La incapacidad en la gestión pública lastimosamente fue siempre la marca registrada en nuestro país, especialmente en el interior, donde los directores, administradores y jefes, nombrados en un cargo de relevancia, simplemente se acomoda en el cargo, y acomoda a su lado a unos cuantos amigotes y gozan de las mieles del cargo, lo más posible.
Aquí en Salto del Guairá un ejemplo de la inutilidad de los administradores públicos es el Instituto de Previsión Social (IPS). En pleno siglo 21, el ente previsional solo tiene un dispensario médico improvisado, sucio y para consultas en plena capital departamental. No tiene laboratorio, no tiene camas; en síntesis, no tiene nada.
Preocupada por la situación, la Comuna regaló un terreno valuado en un millón de dólares, hace 8 años al IPS para construir un hospital. Hasta ahora, ni siquiera transfirieron a su nombre el predio.
Culpar a los asuncenos es lo más sencillo. Pero la gran responsabilidad está en los gestores públicos del interior quienes deberían pelear las 24 horas por el derecho de la población a su cargo. Pero la gran mayoría son genuflexos, sin capacidad ni personalidad para plantarse frente a sus jefes, no tienen sentido de pertenencia y entonces solo ven el cargo como una oportunidad personal, familiar o política, y no como una circunstancia para pelear por el derecho de la gente.
La población paraguaya está en manos de burócratas acomodados, inútiles que no actúan para mejorar, en este caso la salud de los paraguayos.