Diana Ivanauskas: el baile en el alma

Diana Ivanauskas (57) forma parte de los artistas paraguayos que se han hecho a base de tiempo, labor y talento. Nos representó siempre con maestría en el arte de la danza clásica y contemporánea. “Me considero una gran bailarina, aunque en un país donde el Ballet aún no se ha consolidado como objeto de consumo preferido dentro del entorno cultural. Actualmente ya no bailo, pero sigo enseñando. Vivo la vida lo mejor que puedo, siendo positiva y buscando cada día la fuerza en mí misma”

Diana Ivanauskas
Diana Ivanauskas

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Se inició en ballet en la Escuela de Danzas Nicole Dijkhuis. Bailó profesionalmente desde los 16 años. Se ha perfeccionado con maestros en Paraguay, América Latina, EE. UU. y Europa. Compartió escenario con destacados artistas nacionales e internacionales.

De 1992 al 99 fue bailarina principal del Ballet Nacional del Paraguay, y de 1999 al 2002, Directora del Ballet Nacional del Paraguay. Actualmente forma parte del cuerpo de maestros del Ballet Nacional Contemporáneo/Dirección de Elencos Nacionales de la Secretaría Nacional de Cultura.

Desde un profundo amor a la danza, Diana charla con nosotros: “Desde chiquita amaba bailar escuchando música clásica y ópera. A los 6 años me anotaron en la escuela de danza, donde me sentí como pez en el agua, supe que era lo que quería hacer toda mi vida, que esa sería mi profesión. No me costó acatar la fuerte disciplina porque no era algo que desconocía, en mi casa mi papá la aplicaba”.

Pasaron décadas desde aquellos primeros pasos, hoy Diana confirma que el clásico es su fuerte, “con la fortuna de haber destacado también en contemporáneo”. Conocedora del ambiente cultural, lamenta que aún el ballet no se haya consolidado como objeto de consumo preferido de la cultura nacional, “aunque ha ido ganando espacios, tristemente ocupa un lugar discreto”.

-¿A cuál de tus etapas considerás la más exitosa?

Considero que toda mi carrera de 40 años en el ballet ha sido un tiempo glorioso, desde mis inicios en el aprendizaje y perfeccionamiento de la técnica académica de ballet, siguiendo con mi tiempo de bailarina profesional, luego maestra, porque tuve la fortuna de conocer y trabajar aquí y en el exterior con varios de los mejores maestros, coreógrafos, bailarines, así como en los más renombrados grupos y compañías profesionales de nuestro país.

-¿Con qué parte de tu historia profesional sos más crítica?

La mejor oportunidad que tuve y la desaproveché. Estando becada en Nueva York 1985, el director artístico de Junior Company de Joffrey Ballet me ofreció un contrato de trabajo en la compañía, con la condición de que bajara de peso hasta alcanzar el correcto. Yo tenía 17 años, comía mucha comida chatarra. Fui muy inmadura, me acobardé y poco después volví a Paraguay.

-Qué pena, pero fuiste profeta en tu tierra.

Me considero una gran bailarina. De adulta, mi momento más difícil fue tomar la decisión de dejar de bailar tras la lesión que sufrí en el menisco izquierdo, estando aún en la plenitud de mis capacidades.

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-¿Cambiarías todo eso si pudieras volver atrás?

Si viviera mi vida de nuevo, cambiaría algunas acciones que dañaron a mis afectos

-¿Buscás fuerza en pensamientos célebres o en refranes populares?

No tengo ninguna frase, la fuerza para el día a día la busco en mí misma. Trato de mejorar, de controlar mi temperamento (aún me cuesta). Tengo perseverancia y he mejorado mi paciencia. Vivo mi vida lo mejor que puedo, intento mantener una actitud positiva y disfrutar al máximo esos raros momentos de felicidad.

-”Esos raros momentos de felicidad” en una sociedad completamente diferente hasta hace apenas una o dos décadas atrás.

Encuentro muy preocupante la normalización de la mediocridad, de lo superficial, la apatía imperante, la falta de voluntad. La educación es clave para poder decidir y elegir por nosotros mismos.

-Mucha idolatría en las redes copadas por gente que ni siquiera es artista, son “influencers”

Vivimos tiempos complicados. Siempre ha sido un desafío interesar, motivar y sensibilizar hacia el arte para hacerlo masivo. Con la aparición e influencia de internet y las redes sociales en nuestro día a día se dificulta mucho más.

Como sociedad y culturalmente estamos permeados e invadidos constantemente por contenidos pobres e incluso nocivos a los que acceden fácilmente niños y adolescentes; esa información les llega mucho más, y más rápido que la que les puedan proveer docentes, educadores e instructores preparados.

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-¿Cuáles son los valores eternos de la danza clásica?

Disciplina, perseverancia, sacrificio, trabajo, entrega.

-¿Qué ha cambiado en el ballet a través de estos años?

El modo que en que se trabaja. Antes, cuando había conocimiento, la autoridad de maestros y coreógrafos no se cuestionaba, tampoco los bailarines se podían permitir en clase adecuar los ejercicios a su gusto o modificar parte de la coreografía del rol que tuviesen asignado de acuerdo a su capacidad técnica. No comparto esa flexibilización de la disciplina.

-Y la técnica, ¿ha crecido para bien?

Sin dudas, y eso es muy bueno, así como la apertura de más academias en todo el país; pero la cantidad de piruetas y giros o la altura de las piernas no son más importantes que conmover al público. Para mí el mayor desafío es siempre poder ser dúctil, llegar a la experiencia técnica como interpretativa.

Momentos inolvidables

“Ser seleccionada bailando 1 de las 2 variaciones que acompañaron a los bailarines rusos Margarita Kulik y Vladimir Kim, figuras del Ballet Bolshoi en Paraguay”

“Participar como bailarina invitada representando a Paraguay en EE. UU. China, España, Brasil, Uruguay, Argentina, Venezuela”

“Ver bailar en vivo a Mijail Baryshnikov, Vladimir Vasiliev, Ekaterina Maximova”

“Haber compartido escenario con Julio Bocca, Cecilia Kerche, Sara Nieto”

“Haber trabajado con los coreógrafos Luis Arrieta, Oscar Araiz, Francoise Adret. Mario Gallizi, Jaime Pinto”

“Ser seleccionada para danzar el pas de deux, variación y coda de Cisne Negro todas las funciones de El Lago de los Cisnes, lo que fue para mí el cierre perfecto a mi carrera de bailarina profesional”

-¿Tus referentes más altos en ballet?

Mijail Baryshnikov y Sylvie Guillem

Vida cotidiana, amor, salud

Diana está casada hace 38 años, “llevo una vida tranquila, pocas salidas. Tenemos una hija, Andrea, y un nieto, Alejo”. Se define una mujer de gustos muy sencillos: ama la lectura, el buen cine, las actividades al aire libre (caminar, andar en bici, nadar) y, a veces, salir a cenar.

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-¿Cómo enfocás hoy tu alimentación, tu estado físico?

Aunque por la edad mi metabolismo se ha vuelto más lento, mantengo la disciplina del ballet en mi vida diaria, como lo más sano y variado posible: frutas, verduras, pescado, aves, yogur, pero también carnes rojas, pastas, pan y, de vez en cuando, algún permitido: chocolates, masas o helado.

Hago ejercicios periódicamente, siempre he sido exigente conmigo misma, me gusta estar sana, verme bien. Además, todavía puedo acompañar algún estiramiento y ejercicio de elongación.

-¿Qué lamenta un bailarín a medida que pasan los años?

Algunos el no haber formado familia, tener hijos, por priorizar su carrera; otros el dedicarse a bailar y enseñar simultáneamente o el hecho de que para cuando se alcanza la madurez que permite desempeñar un rol con más aplomo y experiencia, se acaba la carrera.

Des-concierto: un fallo de años que no se cumple

“Me siento insultada; me niego a sentirme una víctima, pero lo soy de la apatía de quienes pueden dar fin a esta injusticia”, dice Diana, quien espera justicia hace más de 17 años. “En 2002 debido a una situación surgida entre los integrantes del Ballet Nacional y mi Dirección, las autoridades del entonces Viceministerio de Cultura nombran un Director Interino para el Ballet y soy trasladada con mi rubro a la Dirección Gral. de Bellas Artes como Asesora de Danzas de dicha dirección, por todo un año.

En 2003, mediante una resolución de la Ministra, soy nombrada en el cargo de otra integrante del Ballet de categoría y remuneración varias veces inferior y pasando dicha funcionaria a ocupar mi categoría.

En el 2006, con un acuerdo y sentencia del Tribunal de Cuentas total y completamente a mi favor, tampoco consigo hacer valer lo que me corresponde. Hasta hoy sigo luchando por obtener justicia”, finaliza.

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