El siniestro de Aguai’y

Mañana, 7 de setiembre, se cumplirán 75 años del accidente que costó la vida al presidente José Félix Estigarribia, la primera dama doña Julia Miranda de Estigarribia y el piloto Carmelo Peralta. Los pormenores del hecho son bien conocidos, pero hoy presentamos uno de los tantos testimonios recabados en aquella oportunidad.

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Uno de los testigos que comentaron aquel ingrato y trágico suceso fue don Raúl Temístocles Torreani Viera, entonces de 38 años de edad y muy amigo de la pareja presidencial. Fue uno de los que testificaron en el sumario realizado en los días siguientes. Esto fue lo que contó:

El día del accidente, el señor Temístocles Torreani se hallaba en una reunión familiar, en el paraje ‘Ciervo Cua’, de San Bernardino, cuando oyó ruidos de un avión que se acercaba. Casualmente consultó su reloj y eran las 11:20, cuando pasó la aeronave a escasa altura del sitio en que se encontraba, pudiendo distinguir bien la escarapela tricolor pintada debajo de las alas. El ruido del motor le pareció anormal y con escape intermitente. Notó también que la dirección que llevaba el avión no era rectilínea hacia un rumbo fijo, pues, se orientó primeramente hacia el naciente del Salado; luego, se orientó hacia el lugar donde él estaba.

Desde allí se dirigió hacia el pueblo de Altos, formando casi un ángulo recto cada uno de estos rumbos, unos con otros.

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No solo el señor Torreani se dio cuenta de esta ‘anormalidad’, sino también algunos concurrentes a la reunión mencionada. En la zona donde estaba había un poco de bruma y mucho más en la zona de Altos. Mencionó la circunstancia de que en la casa donde se realizó la fiesta se habló de que el Gral. Estigarribia vendría en avión a San Bernardino ese día sábado, y uno de los concurrentes, mozo del hotel del Lago, manifestó que al general se le había reservado, como de costumbre, un alojamiento especial en dicho hotel.

A eso de las 15:00, Torreani regresó a su domicilio, cercano a Altos, y en el trayecto llegó de paso a un ‘puesto’ suyo, situado en el paraje “Itá Guazú”, donde un muchacho del servicio le contó que el avión había descendido, al parecer con propósito de aterrizar en un cañadón cercano a 1 km del puesto y que de allí volvió a remontar rumbo al pueblo de Altos. El muchacho comentó en guaraní: “Peteĩ avión ñembyaikue hohasá ko’árupi, haimeté oguejý Itá Guazú pe, don Miguel rovái”.

Noticia ingrata

Cuando llegó a su casa, una de sus hijas le comentó la noticia de que se hablaba de la caída de un avión y que corría la versión de que murieron en el accidente el Gral. Estigarribia y su esposa.

Al enterarse de dicha noticia, don Temístocles se interesó en cerciorarse de la verdad de tan grave noticia, y supo que las autoridades del pueblo se habían constituido en Aguai’y utilizando el camión de un poblador de Altos, don Jacinto Santamaría.

Ya no había duda de que las víctimas eran el presidente Estigarribia y su esposa, aparte del piloto, porque una persona de nombre Aparicio Arias Marín llegó hasta el pueblo para avisar sobre el accidente ocurrido y mencionar los nombres de las víctimas, a pesar de que a las autoridades se les limitó mencionar el hecho, sin citar nombre, seguramente porque tenían algún resto de duda al respecto.

Don Temístocles Torreani tomó la iniciativa de organizar lo necesario para hacer una capilla ardiente, juntamente con el cura párroco y algunos vecinos; pero después llegó un telegrama firmado por el Gral. Delgado y dirigido al presidente municipal de Altos, por el que se ordenó el traslado inmediato de los restos a San Bernardino y así se hizo, y fueron conductores de los cadáveres el juez de Paz, el presidente municipal, dos empleados de Investigaciones, quienes habían venido de San Bernardino y otras personas.

Una comisión investigadora

Al día siguiente, al mediodía llegó a Altos una comisión militar presidida por el mayor PAM Juan G. Doldán, que se trasladó a Aguaí’y para practicar una investigación técnica de lo ocurrido. A pedido del nombrado jefe, el señor Torreani Viera acompañó a la comisión y, una vez en el lugar, un fotógrafo tomó varias vistas de los restos del avión y de la hélice que fue hallada a 500 m, más o menos, de aquellos, en un estero.

Según el testimonio del señor Torreani, la hélice fue hallada en posición horizontal, mirando hacia arriba la parte rota del eje de la hélice y con una pequeña rajadura en uno de los extremos de la misma, a pocos centímetros de la punta. Todas las tuercas de la hélice se hallaban fuertemente ajustadas y se notaba perfectamente que la hélice se había desprendido, arrancando una porción de la base del cigüeñal.

Un vecino del lugar, de apellido Duarte, le informó al mayor Doldán y a Torreani que al mediodía oyó extraños ruidos de un avión que pasó sobre su chacra a muy escasa altura, y al salir para observar, vio que del aparato se desprendía algo que parecía un papel de color verde, el cual fue a caer a escasos metros de la casa; un hijo suyo fue a recogerlo.

El señor Duarte les exhibió el papel del que hablara, que resultó ser un pedazo de la tela que recubre los planos del avión accidentado, de 40 cm más o menos y de forma irregular. El mayor Doldán dejó dicha tela en poder de Duarte para que la guarde. El mismo Duarte manifestó igualmente que después de caer la mencionada tela, vio que se precipitaba a tierra la hélice, con gran estrépito. Parando el motor y, enseguida, oyó otro gran ruido que era ya producto de la caída de la máquina.

El lugar en el que se encontró la tela y donde fue hallada la hélice quedan uno de otro 500 o 600 m de distancia.

Los miembros de la citada comisión recogieron varias porciones de los restos, como ser el altímetro, la brújula, etc.; el señor Torreani, buscando entre los escombros, encontró un lado –el derecho– de las botas de la señora del general, el talabarte destrozado, un cintillo metálico de reloj pulsera, una pequeña malla con fundas de cigarrillo y 207 pesos de c/legal pertenecientes al mayor Peralta, cuyos efectos fueron entregados por el mayor Doldán al delegado civil mayor Castagnino. Una valija de equipaje, llaveada y con roturas de las fibras de que estaba hecha, y que el día anterior se había depositado en el local de la municipalidad, también fue entregada por el juez de Paz al mayor Castagnino.

Conversando con un vecino de Loma Grande, de nombre Robustiano Cárdenas, este dijo que cuando concurrió al lugar del accidente, a eso de las 14:00, encontró que ya había una aglomeración alrededor del avión accidentado, y que llamó la atención del sargento de compañía para que ponga guardia armada hasta tanto concurran las autoridades competentes. Informó también que los primeros en llegar al lugar del hecho fueron los vecinos Silverio Arias, su hijo Aparicio Arias Marín, Alfonsino Martínez y José Domingo Acosta.

Cuando el señor Torreani había llegado al lugar encontró guardia que custodiaba el avión. Comentó también el dato de que una lugareña le dijo que, estando cerca del arroyo Aguaí’y, oyó desesperados gritos dentro del avión cuando venía precipitándose a tierra.

Objetos personales de los accidentados

El señor Temístocles Torreani Viera también comentó que en una visita anterior, en julio, el presidente visitó el pueblo de Altos, de incógnito, en compañía de su esposa; el técnico aduanero, Sr. Greshain; la esposa de este y el comisario policial de San Bernardino. Estuvieron para almorzar en su casa, en cuya oportunidad observó que el general tenía un reloj cronómetro de repetición (reloj pulsera) de metal negro, una cadena de oro (llavero), dos lentes, uno de oro para leer y otro de sol, un anillo alianza de oro y una billetera muy usada. Vio también que su esposa tenía dos anillos, uno de alianza de oro y otro del mismo metal, con piedras brillantes; un par de aros de oro con piedritas, un prendedor de corbata con perlita, un reloj pulsera de oro, una pequeña valija con cierre relámpago y dentro de esta otra más pequeña. Señaló también que el traje amazona con que vino aquella vez es el mismo con que fue hallada muerta en el accidente.

El sumario hecho en aquella ocasión es muy rico en informaciones acerca del accidente, y despeja muchas dudas y conjeturas acerca del mismo.

Presentación

El lunes 7 de setiembre, a las 20:00, en el salón “Mariscal Estigarribia” del Ministerio de Defensa Nacional, av. Mcal. López y Vice Presidente Sánchez, se presentará el libro Sábado aciago - Muerte del mariscal Estigarribia, de Luis Verón.

La presentación estará a cargo del abogado e historiador Eduardo Nakayama.

La obra trata del trágico episodio que costó la vida del presidente Estigarribia, ocurrido hace 75 años. En el libro se relatan los últimos momentos de la vida de Estigarribia, su esposa y el piloto Carmelo Peralta.

En el libro a presentarse se hace una somera revisión de sus biografías, el homenaje recibido de parte de la ciudadanía y los testimonios de las personas que, de uno u otro modo, se vieron involucradas en el luctuoso suceso.

El autor es periodista del diario ABC Color y también se dedica a la investigación histórica. Publicó una veintena de libros referentes a diversos aspectos de la historia paraguaya. Se dedicó varios años a la docencia y es propietario de una biblioteca al servicio público desde hace dos décadas.

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