Cayó el hombre que alteró el curso de la historia política

Rubén Villalba (47), sin dudas, pasará a ser uno de los hombres más recordados en la historia política del Paraguay, no por su lucha, sino por su rol en la masacre de Curuguaty. Está sindicado como el que disparó a traición al subcomisario Erven Lovera, lo que desencadenó la matanza, derivó en 17 muertes y tumbó un gobierno, que se creía era el del “cambio”. Su captura y su testimonio permitirán echar luz sobre varios secretos que se tejieron sobre la invasión a Campos Morombí. En un relato detallado sobre lo que pasó ese día, el detenido alega haber estado desarmado y dice que él fue la primera víctima. Culpa a la fiscalía y dice ser humanista.

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El sitio exacto es a 35 kilómetros de la Ruta X “Las Residentas”, 40 kilómetros del lugar de la matanza, dentro del predio de la firma Campos Morombí, y a 70 kilómetros del centro de Curuguaty.
Un selecto equipo

El operativo policial que derivó en su detención se inició el miércoles de noche, cuando un selecto equipo de 22 efectivos del departamento Investigación de Delitos partió desde Asunción hacia Canindeyú, luego de que un informante y datos cruzados aseguraran la localización del fugitivo.

Los uniformados, encabezados por el comisario Gilberto Fleitas, llegaron a altas horas de la noche y tras dejar sus vehículos en lugares pocos transitados, marcharon a pie por el monte, en medio de un frío intenso.

Tras caminar por varios kilómetros entre las malezas, finalmente los agentes se posicionaron frente a una precaria vivienda de madera montada en medio del monte, donde se suponía estaba Rubén Villalba.

El plan era atropellar una casa

El plan era atropellar la casa justo cuando empezara a amanecer, a no ser de que el mismo buscado saliera de su escondite. Pero imprevistamente, Rubén Villalba fue avistado por unos policías cuando se acercaba a su rancho, desde otro sector del bosque, porque justo esa noche había dormido cerca de un horno de carbón, por temor a ser picado por insectos.

“¡Usted, alto, Policía, quieto ahí!”, le gritó un suboficial, a lo que Rubén Villalba amagó con retroceder y volver a internarse en el bosque. Pero rápidamente, otro suboficial que portaba un fusil Galil lo alcanzó y le ordenó que se tirara al piso con las manos en la nuca.

“¿Nde piko la Rubén Villalba?”, le preguntó un oficial mientras le apuntaba con su pistola.

El dirigente campesino se quedó callado, pero ante la segunda vez ya respondió que sí. “Sí, che ha’e Rubén Villalba. Anína chejukáti, por favor”, pidió clemencia el hombre, acusado de matar a traición con un revólver al subcomisario Erven Lovera Ortiz, jefe del GEO de Alto Paraná y camarada del subcomisario Tomás Paredes Palma, uno de lo que lo estaban apuntando con su arma en ese momento.

Rendido, Rubén Villalba quedó callado, fue esposado y lo sacaron del monte, hacia un sector un poco más poblado, donde aguardaba el segundo anillo policial que cubría las posibles rutas de escape.

La captura del “sintierra” fue planificada inmediatamente después de la matanza en Campos Morombí, el 15 de junio pasado. Incluso, varios otros operativos similares a este último se hicieron en la misma zona, en busca del objetivo, pero resultaron infructuosos.

La localización de Rubén Villalba fue obtenida gracias a que un grupo de policías se infiltró por varias semanas en la comunidad, ganándose la confianza de los campesinos que protegían a Rubén. Finalmente, uno de los operativos más finos de los últimos años concluyó con la captura del hombre que alteró el curso de la historia del Paraguay.