Crimen de Liz Teresita, aclarado técnicamente

El asesinato de la funcionaria del Senasa Liz Teresita Arzamendia Ferreira (31), ocurrido el 17 de junio pasado en un asalto a metros de su casa del barrio Vista Alegre de Asunción, prácticamente quedó esclarecido con la detención de los dos supuestos autores materiales y tres presuntos cómplices. Todos los involucrados, pese a ser aún muy jóvenes, integraban una peligrosa gavilla que, además de perpetrar violentos robos callejeros, también se dedicaba a reducir objetos robados y a comercializar crack en Lambaré, donde fueron arrestados. El grupo está ligado a una organización que asaltaba a extranjeros.

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Liz Teresita era una joven y dedicada madre, una excelente y querida hija, una alegre y dinámica compañera de trabajo.

Nació el 17 de diciembre de 1982, pero la muerte la sorprendió muy prematuramente, a los 31 años.

Sin embargo, su partida no fue determinada por la consecuencia lógica del destino, sino por la violencia irracional e inexplicable de un grupo de jóvenes que antes que ganarse la vida con trabajo y sacrificio optaron por delinquir.

Liz Teresita fue asesinada a puñaladas en la tarde del martes 17 de junio, al ser interceptada cuando caminaba por la calle López Decoud esquina Juan Boggino, pocos metros antes de llegar a su casa después de una larga jornada de trabajo.

Dos maleantes en una motocicleta de color oscuro la atacaron con el fin de robarle su cartera y su celular, pero ante la resistencia de la mujer se deshicieron de ella con varias heridas.

Sin testigos

Desafortunadamente hasta ese momento, no hubo un solo testigo que suministrara las características específicas de los delincuentes, ni tampoco cámaras de circuito cerrado que pudieran conducir a la descripción de los sospechosos.

En la escena, solamente había un charco de sangre de una joven madre, víctima de la inseguridad.

El celular fue la clave en la pesquisa

A partir de la materialización del crimen, intervinieron en el caso los policías de la división Homicidios del departamento Investigación de Delitos, quienes esperaron pacientemente un solo error de los criminales para llegar a ellos.

El rastreo del celular Samsung Pocket robado de la víctima condujo a los investigadores, siete días después, a localizar el aparato en una casa de reparaciones de Villa Elisa.

El dueño del local no tuvo otra opción más que entregar el aparato y confesar quién le había entregado.

El hombre contó que un joven le llevó el celular como para repararlo, pero ante la imposibilidad de recuperar completamente la capacidad operativa del teléfono, el delincuente decidió venderlo al técnico por 50.000 guaraníes, con lo que a la vez se deshizo de la principal evidencia incriminatoria, aunque de igual modo sería posteriormente arrestado y conectado casi irrefutablemente con el hecho.

Durante el interrogatorio al técnico en reparación de celular, este suministró el primer nombre a la investigación: Alejandro Nicolás González.

Después, la Policía supo que se trataba de un joven de 18 años que vivía en el barrio San Isidro de Lambaré, hacia donde se centró toda la investigación.

Mediante recursos técnicos, como el monitoreo del celular robado, los uniformados consiguieron la segunda identidad vinculada con el homicidio: Leysly María P. F., una menor de 17 años que usó el aparato.

Al ser localizada la casa de Leysly, en la calle 16 de Mayo casi San Ignacio del barrio San Isidro de Lambaré, coincidentemente cerca de la casa de Alejandro Nicolás González, la pesquisa ya estaba cada vez más fortalecida.

ileguizamon@abc.com.py