La responsabilidad intergeneracional y la construcción de comunidades donde envejecer sea sinónimo de plenitud y respeto es una asignatura pendiente. Mientras, el aporte de los adultos mayores es considerado un aporte invaluable apuntalado por la sabiduría.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en Paraguay se considera adulta mayor a las personas de 60 años y más.
Las cifras actualizadas de la Encuesta Permanente de Hogares 2025 del Instituto Nacional de Estadística muestran un mapa detallado de una población que crece y exigirá la implementación de políticas públicas enfocadas en el respeto a la dignidad de los adultos.
Salud y educación
Unas 784.803 personas de 60 años y más representan un 13% de los habitantes de Paraguay. Un 52,7% de las personas de este segmento poblacional son mujeres.
Los números hablan de trayectorias marcadas por el esfuerzo, pero también por la desprotección. En el ámbito educativo, el 61,7% apenas alcanzó entre uno y seis años de estudio, mientras que un 5,1% jamás pisó un aula, una brecha que golpea más a las mujeres (6,3%) que a los hombres (3,9%), refieren los apuntes del INE.
Esta realidad condiciona el acceso a información y a oportunidades durante la vejez.
Sobre el cuidado de la salud, un derecho fundamental para el adulto mayor, los datos indican que solo el 38,6% cuenta con algún seguro médico; de estos, el 30,4% está cubierto por el Instituto de Previsión Social.
El restante 61,4% enfrenta la enfermedad sin red de contención institucional, un drama que se agrava al saber que la mitad de los adultos mayores consultó recientemente por estar enfermo o accidentado.
Futuro hipotecado
El análisis de datos también expone la fragilidad económica. El 12,2% sobrevive bajo la línea de pobreza total, una proporción que se duplica en las zonas rurales (19,5% frente al 9,3% urbano). Los departamentos de Concepción (23,3%), Caaguazú (22,0%) y San Pedro (20,6%) concentran la mayor incidencia, revelando un mapa territorial de la desigualdad.
La vejez tampoco equivale a la jubilación, explican los datos públicos del INE. Cerca del 45,3% aún integra la fuerza de trabajo, un dato que pone en evidencia que las jubilaciones resultan insuficientes o inexistentes. De ellos, la mayoría (58,6%) trabaja por cuenta propia, y entre los asalariados, apenas el 40,5% realiza aportes jubilatorios, hipotecando su futuro inmediato.
En el estudio de la dimensión afectiva, el mapa del INE expone la soledad que acecha a los adultos mayores. Mientras el 46,2% vive en hogares extendidos, un 12,3% reside completamente solo, expuesto a la vulnerabilidad emocional y material.