Bajo la estela inmortal de Palito Miranda

La estela brillante de Palito Miranda sobrevoló el Teatro Tom Jobim, recinto sagrado para muchos músicos, donde anoche fue presentado un vinilo en su homenaje, de la mano del impecable Ensamble que hace grandes honores a su nombre. La ocasión quedó para la historia ya sea por el lanzamiento también del sello de jazz “Polka Blue” como por la emocionante comunión generada entre el grupo y el público que hizo que la sala quede chica.

El Ensamble Palito Miranda en el Teatro Tom Jobim en una noche donde las emociones estuvieron a flor de piel.
El Ensamble Palito Miranda en el Teatro Tom Jobim en una noche donde las emociones estuvieron a flor de piel. Pedro Gonzalez

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Estela: “rastro que deja tras de sí en el agua o en el aire un cuerpo en movimiento”. Es algo definitivo que la estela del gran Ángel William “Palito” Miranda está presente en cada ser que integra el Ensamble que lleva su nombre. Un grupo que defiende no solo un impecable acto musical sino también los ideales de quien en vida fuera un interesado por ejercer la docencia, la creación y la interpretación musical desde el amor y la vocación.

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La estela de Palito Miranda está en los más diversos colores y sabores sonoros que el grupo, integrado por Víctor Morel (batería y dirección), Tato Zilli (bajo eléctrico), Víctor Scura (piano), Bruno Muñoz (saxo tenor), Oliver Duarte (saxo alto), Rudi Elías (saxo tenor), Jonathan Piñero (trompeta) e Iván Paredes (trombón), sabe plasmar con absoluta maestría.

Tan solo unos minutos pasaron de las 20:00 cuando empezó el concierto. La energía era total. Era un intercambio de la electricidad que había en el escenario y de la emoción del público que era palpable. Estos sentires se abrazaban en el aire y colisionaban, haciendo que el show sea de todos.

En completo estado de gracia, el Ensamble Palito Miranda empezó con “Che trompo arasa”, de Herminio Giménez, con arreglo del homenajeado. El grupo dejó en claro, desde el vamos, que tocaría todo entregando altas dosis de pasión bien repartidas.

Al fin del primer tema el público explotó en aplausos, como una ráfaga de viento que sopla muy fuerte, pero con una calidez que contuvo al grupo. Fue justamente Morel quien confirmó que estaban “exageradamente emocionados” por lo que la ocasión significaba y por la gran respuesta de la gente que acudió en masa a presenciar esta celebración.

Víctor subrayó la importancia del homenaje a un “gran luchador e impulsor de la cultura y el arte, en esa incansable búsqueda de identidad a través de la música”. Recordó además que Palito, desde su posición, buscaba siempre dar visibilidad a los músicos nacionales. Asimismo, reafirmó la presencia de esa estela que brillaba sobre ellos, pues en ese mismo escenario había tocado Miranda con la Big Band que integraba junto a maestros del Conservatorio de Tatuí donde también enseñaba. Un escenario, sin dudas, encantado con su magia.

Energía explosiva

De George Gershwin llegó después “Rhapsody in Blue”, pero con arreglos de Miranda sobre una reinterpretación del pianista brasileño Eumir Deodato. Una fusión explosiva. En la platea las cabecitas se movían, otros sin embargo delataban estar moviendo incluso las caderas por el movimiento de los cuerpos que excedía a las butacas. Los saxofones hablaban en diferentes frases y un piano, totalmente desquiciado, respondía. Las sombras eran atravesadas por espirales de fuego.

“Pudimos ver aquí a grandes héroes de la música brasileña”, decía más tarde Morel para hacer énfasis en la mística del escenario. Pero con cada tema que iban presentando, ellos iban firmando sus nombres en esa lista de héroes, representando a esta generación.

Estos grandes músicos hacían después “Carola”, de Lobito Martínez, con arreglos en calidad de estreno exclusivo del brasileño Celso Joabe, quien desarolló varios años de carrera en Paraguay y quien fuera también un gran discípulo de Palito. Por ende, Morel también explicó que la idea de este ensamble es impulsar a compositores e intérpretes que hayan bebido de las influencias de Miranda y que puedan desarrollar arreglos en nuestro contexto.

En esa línea de pensamiento la estela seguía extendiéndose, pues luego tocaron “Moonlight Serenade”, arreglada por el pianista paraguayo Óscar Aldama, otro músico que también se formó en Tatuí y hace años está haciéndose camino en Brasil. Siempre tras los pasos de un jazz con identidad, un brillante sendero nos llevó por esta versión guarania del clasico de Glenn Miller, que invitó al público a descansar sobre un colchón de hojas sublimes.

Como si estuviéramos jugando en un sube y baja, de este estado de ensoñación pasamos al éxtasis con “Paraguay Blues”. Dentro de la ejecución hubo un pasaje donde un punzante y magnético solo de bajo dio pie a un solo de trombón que desestabilizó cualquier intento de quedarse quieto. La gente estaba desatada.

Fue el momento perfecto para presentar a los músicos porque sobraban aplausos, gritos y risas, todo como si fuera una gran fiesta. Y sí que lo era. Uno a uno fueron presentados con sus nombres e incluso con algunas anécdotas graciosas, como la que tenía que ver con el tema que sonaría luego.

Es que Morel le había pedido a Bruno Muñoz un arreglo para “Melancia”, que debía entrar al disco. Pasó mucho tiempo sin que componga, tanto que Víctor tuvo que recurrir a la madre de Bruno para que interceda. Las carcajadas llegaron fuerte así como la impresión de un arreglo que si bien se hizo esperar valió la pena. Este tema, de Rique Pantoja, sobre una interpretación del grupo Cama de Gato, entró al repertorio para confirmar la excelencia de este ensamble.

Hacia el final Morel se desvivió por un solo que conjugó técnica y fuerza. Dijo que Muñoz le “cobró” poniéndole un tramo con mucha dificultad. Él salió airoso del desafío, la gente siguió riendo y los aplausos volvieron a brillar en esta noche donde ya abundaba la camaradería.

Entendiendo el legado

La noche terminó con broche de oro, con “Polka Blues” de Palito Miranda, que también nombra a su álbum, uno primordial en la discografía del jazz paraguayo. Con arreglos de Celso Joabe, el tema siguió en la línea de hacer jazz con identidad.

En un tramo de la noche, Morel recordó también que en 2014 gestaba junto a su amigo de la vida David Messina la productora Síncopa Producciones. “Una irresponsabilidad”, bromearon. Como una coincidencia, según rememoraron, ese año nacía este ensamble.

Casi diez años después sale este vinilo y lanzan el sello discográfico “Polka Blue” (sí, sin s) quizás cerrando un círculo pero también abriendo las puertas a seguir soñando con más discos de jazz con identidad paraguaya, pues la inmortal estela de Palito Miranda nos deja la enseñanza de que el crecimiento se genera pensando en proyectar entre todos y para todos, así como él lo hizo siempre que pudo.

Desde alguna estrella brillante en el firmamento, estará orgulloso.

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