“Skinamarink”: una pesadilla en forma de película

Aquellos que sepan tenerle paciencia encontrarán en “Skinamarink” una de películas de terror única, difícil de descifrar pero que deja un impacto indeleble y momentos potentemente estremecedores.

Skinamarink película
"Skinamarink" está en cines de Paraguay.Shudder

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Skinamarink, la inusual película de terror que aterrizó en nuestras salas de cine luego de varios meses de acumular una reputación de nuevo clásico de culto, es un filme desafiante como pocos del género que llegan hasta nuestras pantallas tan acostumbradas a un terror más comercial. Es críptica, ambigua, dura de penetrar y requiere de considerable paciencia, pero recompensa a aquellos que logran armarse de esa paciencia con una experiencia única e indeleblemente perturbadora.

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La única pieza de contexto que la película ofrece gratis es que trascurre en 1995. Dos niños pequeños, Kaylee (Dali Rose Treteault) y Kevin (Lucas Paul) despiertan en su casa a oscuras, sin poder hallar a sus padres. La casa parece estar cambiando sin lógica ni explicación - puertas y muebles desaparecen o cambian de posición - y aunque sus padres no están, los niños no están solos.

El director Kyle Edward Ball muestra la película con un estilo altamente experimental, casi exclusivamente en postales semi estáticas, centrándose en objetos aleatorios – o que parecen serlo al principio – de la casa y rara vez mostrándonos siquiera parcialemente a Kaylee o Kevin, deliberadamente negándole al expectador siquiera el leve confort del contacto visual para tener un grado de normalidad dentro de la oscuridad surreal por la que la casa de los niños ha sido infectada.

Tomando aparente inspiración de clásicos “falsos documentales” de terror y de las series web de terror que estos inspiraron – Ball admitió ser fan de Marble Hornets, la popular serie online que popularizó al personaje de Slender Man –, la película da la impresión claramente intencional de estar filmada con cámaras de baja calidad, caseras, produciendo imágenes imperfectas en las que, por lo largas que son las tomas, uno comienza a buscar cosas en entre la alta granularidad, y pronto el espectador mismo comienza a ver cosas en la oscuridad que podrían o no estar allí.

La clave para disfrutar Skinamarink es aceptar sus inusualidades bien temprano, dejar de buscar cosas que no ofrece como una historia clara y detallada, y simplemente dejarse atrapar por lo que se siente como una transmisión directa y sin filtrar ni editar de una pesadilla desde la perspectiva de un niño que ve cómo una maldad indefinible contamina su casa, desvanece a sus padres y hunde lo que debería ser un lugar seguro en una oscuridad antinatural que, más que la simple penumbra de la noche, parece insinuar que el mundo enterio fuera de esas paredes dejó de existir.

Es una propuesta desafiante, pero que recompensa a aquellos que logran sintonizar con su peculiar frecuencia con algunos de los momentos más sutilmente aterradores que el cine puede proveer, no de esos que hacen a uno sobresaltarse en su asiento – aunque también tiene esos momentos – sino de aquellos que erizan la piel y hacen que uno se hunda involuntariamente en su asiento. Terror de verdad en vez de una reacción de reflejo ante un ruido extraño.

Skinamarink es una película que puede dejar muchos expectadores frustrados y perplejos, pero también es posible que a muchos otros nunca los deje.

Calificación: 4/5

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SKINAMARINK

Dirigida por Kyle Edward Ball

Escrita por Kyle Edward Ball

Producida por Dylan Pearce

Edición por Kyle Edward Ball

Dirección de fotografía por Jamie McRae

Elenco: Lucas Paul, Dali Rose Tetreault, Ross Paul, Jaime Hill

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