Administrar el propio dinero hasta bien entrados los años

Las décadas no pasan en vano, pero las habilidades pueden mantenerse si la mente está sana. Es preocupación de los hijos cómo manejan su dinero los padres cuando se ponen muy mayores. “Hablar de dinero en nuestra sociedad es un tema tabú, no es sencillo, pero eso deber ir cambiando”, dice la economista Gloria Ayala Person

Los años suman y las habilidades disminuyen, no obstante, una mente sana puede seguir administrando los ingresos en la tercera edad.
Los años suman y las habilidades disminuyen, no obstante, una mente sana puede seguir administrando los ingresos en la tercera edad.Shutterstock

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En todas las familias hay algún comentario, alguna historia o anécdota sobre cómo se han manejado los gastos en la familia: “Mi papá no suelta un centavo…”, “Mi mamá siempre fue la administradora en casa” “Mis padres nunca nos hablaban de qué tenían o administraban, era un secreto entre ellos”, “Mi padre siempre fue generoso y por eso se quedó sin nada”, “Mis padres me enseñaron a ahorrar”.

Cuando uno es niño no presta atención al constante movimiento de las finanzas familiares, importancia que se reconoce tarde o temprano.

Los padres son los primeros referentes también en lo económico, y cuando van llegando a la vejez no todos se deterioran física y/o mentalmente, “la capacidad intelectual y de toma de decisiones no siempre va asociada con la edad, hay personas aún jóvenes que sufren Alzheimer, mientras hay ancianos que rondan los 90 años y están muy lúcidos”, menciona Gloria Ayala Person, economista con énfasis en educación financiera.

- De todas maneras, los hijos se preocupan por el manejo del dinero, pues los ven vulnerables a cualquier equivocación.

Empezar a hablar de dinero de forma trasparente entre los miembros de la familia no es sencillo en ningún momento, el dinero es un tema tabú en nuestra sociedad.

Lo ideal sería que la pareja converse naturalmente sobre la manera en la que se toman decisiones e incluyan a los hijos (incluso a los pequeños), tratar temas como la compra del supermercado que debe obedecer al menú semanal sobre el que se pusieron de acuerdo.

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-Cuando somos niños el manejo económico de papá y mamá es ideal, pero a medida que pasa el tiempo surgen distintas visiones.

Lo mejor sería que los padres, al llegar a la década de los 60 años (asumiendo que los hijos son ya adultos) puedan convocarlos a una reunión familiar para hablar sin tapujos sobre los bienes, derechos y obligaciones que se tienen.

De forma tal que, en total uso de su razonamiento, comuniquen su decisión sobre cómo van a afrontar sus costos de vida: si van a vender propiedades, en qué van a invertir para que les genere ingresos pasivo, sin van o no a realizar algún anticipo de herencia con o sin usufructo vitalicio, etc.

No debemos dejar ni por un momento la asertividad, pues la dignidad es innegociable

-A veces los padres no quieren hablar de dinero, bienes, a ellos les suena a un reclamo o exigencia.

Eso sucede si nunca se habló sobre el tema abiertamente, los padres pueden tomarlo como un interés en sus bienes materiales y por eso se ponen a la defensiva, pues se sienten agredidos.

Al contrario, cuando naturalmente se conversa sobre dinero con los padres, se mantiene la transparencia de hablar sobre el uso del dinero y no se asume como una intromisión o invasión a un espacio personal secreto.

-¿Cómo lograr esa comunicación cuando son padres desconfiados?

Si una persona ha sido siempre desconfiada, probablemente sus experiencias de vida refuercen al extremo esa característica en la tercera edad, aunque podría ser también algún tipo de síntoma de desequilibrio mental, como pánico infundado o angustia extrema.

En esos casos, lo mejor es la explicación y presentación de opciones por parte de un profesional; muchas veces a un extraño lo escuchamos más que a nuestros hijos, no solo por la desconfianza sino por el temor justificado de que, ante un error en el manejo financiero en una etapa vulnerable y cuando buscar trabajo para mantenerse ya no es una posibilidad, no quieren exponerse a una situación de depender económicamente de los hijos.

Esto, cabe destacar, se da principalmente en los varones que han sido proveedores del hogar, han trabajado toda su vida para mantener dignamente a su familia y llegada esta etapa no quieren depender de sus hijos.

Comprender esta situación es clave para encontrar la mejor manera de conversar y decidir respecto al manejo financiero. Hay que asumir cada día como una oportunidad de aprender, de amar y vivir con intensidad, independiente de la edad que tenga cada uno.-

-¿Qué significa el dinero en la tercera edad?

Dignidad, basada en que el dinero les permite no ser una carga para los demás, contar con recursos financieros para hacer frente a sus gastos de vida les da seguridad, respaldo y tranquilidad.

-¿En que lo utilizan mayormente si no hay enfermedad?

Si no hay enfermedad, sería una bendición y una excepción. Sin embargo, ante la ausencia de medicamentos, internaciones y pañales, igual se relaciona con la tercera edad un aumento de gastos de vida como comida especial (sin sodio, sin gluten, sin azúcar, sin todo), vitaminas, gimnasia o fisioterapia, actividades recreativas como pintar, club de lectura, viajes grupales, disfrutar de un buen vino.

Pero principalmente, si aún no se ha presentado un cuadro de enfermedad o deterioro físico, por lo cual requiera atención de enfermería 24 horas, usualmente quieren ahorrar y tener a la vista por si se presenta una urgencia en cualquier momento. Además, están los gastos “hormiga”, les gusta darles una golosina a los nietos, pasear con ellos y comprarles cosas en el shopping, cosas así.

-En nuestra cultura, país, qué más usan: efectivo, cheques, tarjeta…?

Efectivo, la mayoría le teme a la tecnología y prefieren mantener dinero en el banco a la vista y lo van retirando de a poquito.

-¿Cuál es la manera más segura -para ellos- de manejar su dinero?

Cada caso es diferente, contar con una cuenta bancaria o, aunque sea, una cooperativa les puede dar mayor acceso a realizar inversiones que le generen rentabilidad, por ejemplo, los fondos mutuos conservadores, entonces, pueden plantear que esas inversiones le depositen en su cuenta mensualmente un importe como si fuera un salario.

Hay que buscarles alternativas que sean lo más similar posible a la forma en la que han recibido y administrado dinero durante toda su vida, herramientas financieras que les hagan sentir cómodos y evitar preocupaciones.

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-¿Se pierde en la vejez siempre un poco de la capacidad de organizar uno mismo su economía?

No necesariamente, hay personas de edad completamente lúcidas. Lo que suele suceder es que ya no tienen autonomía para movilizarse e ir al banco, a la municipalidad, a la Ande, a la Essap, es decir, ir personalmente a realizar pagos y gestiones, entonces que aprendan a manejar la tecnología les puede devolver la independencia.

Si están en cama y no se pueden mover, usualmente depender de los demás los agota mentalmente, o si ya han perdido a sus parejas, incluso la soledad atenta contra su bienestar y la suma de estos factores los puede llevar a la depresión.

-¿Qué diferencia ve entre hombres y mujeres ancianos manejando su dinero?

En general las mujeres fueron amas de casa o si trabajaron fuera probablemente sus maridos o hijos aportaban los principales ingresos al hogar, entonces aceptan que otros las puedan mantener, son más dóciles en dejarse mimar y cuidar, menos pudorosas en cuestiones de dinero.

A los hombres les cuesta mucho más, principalmente para los que eran “macho alfa” y desarrollaban una autoridad casi militar en sus casas, les avasalla que sus hijos manejen el dinero y decidan sobre sus vidas.

-Los abuelos son una presa muy buscada por los avivados, ¿cómo protegerlos de la estafa?

El ritmo de vida tan ajetreado que llevamos hoy, nos deja muy poco tiempo para dedicarnos a nuestros mayores, por lo que ellos se refugian y desarrollan lazos afectivos con cuidadores o enfermeros, con quienes pasan más tiempo, conversan y se sienten contenidos.

Entonces, realizar las averiguaciones sobre la calidad de personas que compartirán nuestros abuelitos es muy importante, ellos al conversar muchas veces nos cuentan orgullosos detalles de la vida de la familia que pueden exponer tanto a ellos como a los demás.

Desde donde guardan el dinero, cuánto ganan sus hijos, a qué colegio van sus nietos, si se compraron un vehículo nuevo, en fin, detalles que usualmente no compartiríamos con extraños.

Lo que suelo observar es que los hijos, intentando resguardarlos, les dicen “no cuentes nada a los extraños” haciéndole tener miedo de las personas que los cuidan y acompañan muchas horas cada día, considero que esto también puede dañarlos, incluso más que la pérdida financiera.

El talento no es suficiente

-¿Es importante el nivel de preparación académica para manejar el dinero? ¿existe la administración como talento innato?

La cultura general, las experiencias de vida y las decisiones en la familia basadas en conversaciones profundas y respetuosas, son la mejor manera de desarrollar asertividad financiera. El talento nunca es suficiente, hay que multiplicarlo con disciplina, perseverancia y aprendizaje.

A veces el éxito está basado en lo que se logró, pero porque no se dimensiona lo que se ha dejado de ganar. ¿Cuánto mayor hubiera sido su éxito si hubiera contado con preparación académica?

-¿Cree que los adultos mayores tienen derecho a gastar todos sus ahorros antes de partir de este mundo y quizás no dejar herencia?

La mejor herencia es la capacidad de trabajar y avanzar por uno mismo, que se consigue a través del estudio y los valores. Sin embargo, depende mucho de cuál sería la herencia.

Si se trata de dinero en el banco, de inmuebles donde vive la familia, de inmuebles que generan renta que mantiene a otros miembros de la familia, de una empresa que genera empleos. En fin, el derecho individual va exactamente hasta donde empieza el derecho ajeno.

La tarjeta

“El avance de la tecnología ha sido tan vertiginoso que incluso a personas jóvenes les resulta imposible asimilar toda la diversidad de opciones que nos presenta, tanto para las comunicaciones como para las transacciones. Usualmente, estas maravillosas herramientas que nos facilitan la vida pueden darle mucho temor a los adultos mayores que no logran confiar en lo digital.

Mi padre no quería una tarjeta de débito porque ‘los cajeros también se roban y si justo roban y en ese está mi plata?’ o ‘no me interesa la APP en mi celular, si me roban el teléfono, van a vaciar mis cuentas’ “, finaliza nuestra entrevistada, recordando con humor las ocurrencias de su padre.

Recuerdos de las finanzas del hogar: “Mamá manejaba toda la plata”

Inés Silvero Farías, casada, 2 hijos, master en gobierno y gerencia pública, nos comparte sus recuerdos. Su papá, Pedro, era abogado y su mamá, María Esperanza, química farmacéutica: “Ellos siempre vivieron de manera muy austera. A mis 2 hermanos y a mí nos inculcaron el no derrochar, vestir dignamente con lo necesario sin tener en cuenta marcas. Ahorraron siempre para comprar terrenos y casas y posteriormente vender. Mi papá le entregaba a mi mama todo lo que ganaba y ella administraba; usaba tarjeta de crédito, siempre buscaba ofertas. No iba solo a un lugar a comprar sino a varios en el mismo día. Ella sabía cuánto tenía que durar cada cosa que compraba, nada que ocurriera en la casa se le escapaba”

“Daba un 10% a la iglesia Las Mercedes. Ayudaba a la gente del barrio que más necesitaba y ahorraba 10% -o si se podía más- de todo lo que ganaban con mi papá.”

“Ella elaboraba todo su presupuesto, incluyendo gastos extras, los cuales no concretaba si no tenía el efectivo. Era una persona sumamente disciplinada y le tenía cortito a mi papá que no era tan amigo del ahorro”

“Nosotros, los hijos, si queríamos seguir viviendo en la casa siendo mayores y trabajando, la condición es que debíamos pagar algún servicio: agua, luz empleada, teléfono y si queríamos comer algo que estaba fuera de lo previsto por mi mamá, debíamos comprar aparte. También debíamos ayudar con las compras del supermercado”

“Mis padres antes de caer enfermos, dejaron una parte de sus ahorros para todo lo que fue sanatorios, medicamentos y gastos de enfermedad. Los hijos no gastamos ni un guaraní, ellos ya habían previsto todo lo suyo incluyendo el sepelio. Fueron mi mayor ejemplo de vida y amor”

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