“Si estoy en un mal día o de mal humor, es posible que me vea menos atractiva”, señala la psicóloga alemana Alexandra Martin.
El hecho de que evaluemos nuestro aspecto de forma tan diferente también puede deberse a que en realidad cambia constantemente. A veces las ojeras son más oscuras o el pelo está en otra posición.
Según Martin, incluso esas pequeñas desviaciones pueden marcar la diferencia en la forma en que nos vemos a nosotros mismos.
Las dudas sobre nuestra apariencia surgen sobre todo cuando nuestra autopercepción y el ideal que esperamos no coinciden. Por eso, la psicóloga aconseja preguntarse si los propios ideales son realistas y alcanzables.
Si uno puede desprenderse de ideales poco realistas, como tener una piel impecable, deja espacio para más serenidad. Por lo tanto, la especialista aconseja tomar sobre todo lo que a uno le gusta de su propio cuerpo y poner el foco sobre ello.