La regla de las 50 páginas: el truco para dejar un libro sin culpa y elegir mejor

La regla de las 50 páginas: el truco para dejar un libro sin culpa y elegir mejor.nicoletaionescu

En tiempos de listas interminables de “pendientes” y estanterías que crecen más rápido que las horas libres, abandonar un libro suele vivirse como un pequeño fracaso. Sin embargo, en clubes de lectura, redes sociales y conversaciones entre lectores circula una idea que busca desactivar esa culpa: la regla de las 50 páginas.

El principio es simple: si tras las primeras 50 páginas un libro no engancha, el lector se da permiso para dejarlo y pasar a otro.

La regla se popularizó como una forma de administrar un recurso escaso —el tiempo— y de recordar que leer también es una actividad de placer.

La regla de las 50 páginas: el truco para dejar un libro sin culpa y elegir mejor.

Sus defensores sostienen que muchos libros muestran su tono, ritmo y promesa narrativa en ese tramo inicial: el lector ya puede reconocer si el estilo le resulta compatible, si la historia avanza o si el tema no era lo que esperaba.

Pero el método no propone un veredicto literario definitivo, sino una decisión personal. No es lo mismo “no me interesa ahora” que “es malo”. Y ahí está una de sus virtudes: desplaza el foco desde la idea de cumplir hasta el derecho a elegir.

En un mercado editorial abundante, en el que la recomendación algorítmica puede empujar compras impulsivas, la regla funciona como un filtro práctico para reducir la frustración.

Adaptaciones

También tiene matices. Para algunos géneros —ensayo, libros técnicos, clásicos con introducciones densas— 50 páginas pueden ser insuficientes. Por eso muchos lectores ajustan el criterio: 20% del libro, un capítulo o incluso “dos sesiones de lectura”.

La clave es la misma: definir un umbral razonable que evite el abandono inmediato pero no condene a terminar algo que se ha vuelto una obligación.

Aplicada con honestidad, la regla puede mejorar la relación con la lectura. Obliga a formular preguntas concretas: ¿me interesa la voz del autor?, ¿me importa lo que está en juego?, ¿estoy leyendo por curiosidad o por presión?

Y ayuda a identificar patrones: quizás no era el libro, sino el momento, el cansancio o una expectativa equivocada.

La “culpa del abandono” suele venir de una idea escolar de la lectura como tarea. La regla de las 50 páginas plantea lo contrario: que dejar un libro a tiempo no es fallar, sino cuidar la experiencia lectora. Porque, al final, el mejor truco para leer más —y mejor— puede ser permitirse parar.

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