El ecoturismo revitaliza los humedales del nordeste argentino

RÍO URUGUAY. El sonido de la lancha se camufla con el batir lento y calmo de las olas. Las garzas levantan el vuelo, las libélulas compiten en velocidad, las hormigas suben por las piernas, corretean por la piel, pican. Y no hay ningún humano en los alrededores: solo la barca, sus tripulantes y el humedal.

Un hombre se tira al rio Uruguay en la Provincia de Entre Ríos (Argentina). El sonido de la lancha se camufla con el batir lento y calmo de las olas. Las garzas levantan el vuelo, las libélulas compiten en velocidad, las hormigas suben por las piernas, corretean por la piel, pican. Y no hay ningún humano en los alrededores: solo la barca, sus tripulantes y el humedal.
Un hombre se tira al rio Uruguay en la Provincia de Entre Ríos (Argentina). El sonido de la lancha se camufla con el batir lento y calmo de las olas. Las garzas levantan el vuelo, las libélulas compiten en velocidad, las hormigas suben por las piernas, corretean por la piel, pican. Y no hay ningún humano en los alrededores: solo la barca, sus tripulantes y el humedal.Juan Ignacio Roncoroni

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Esta es la atmósfera de las islas Dolores, San Genaro y Campichuelo, ubicadas en la parte inferior del río Uruguay (nordeste de Argentina). Una región de 2.600 hectáreas, agreste y casi desconocida, que está llamada a convertirse en un parque provincial y en un nuevo epicentro del turismo sostenible.

“En esta zona hubo mucho movimiento económico, pero, por cuestiones de costos, se hizo inviable. La idea es que acá vuelva a haber empleo de la mano del ecoturismo”, explica a EFE Emiliano Ezcurra, director de Banco de Bosques, entidad ejecutora del proyecto “Islas y Canales Verdes del río Uruguay”.

Esta iniciativa se presentó en el marco del Día Mundial de los Humedales, que se celebra este jueves. Estos territorios, caracterizados por estar sumergidos total o parcialmente bajo el agua, resultan fundamentales para frenar el cambio climático: previenen inundaciones, retienen gases de efecto invernadero y sirven de hogar para infinidad de especies autóctonas.

En Argentina, estos ecosistemas representan alrededor del 21 % del territorio nacional y el Congreso todavía está analizando una ley de humedales que permita salvaguardarlos.

Kayaks y nada más

Tras media hora de navegación por arroyos y canales inhóspitos, el visitante llega a la isla de San Genaro. Un sendero conduce al primero de los tres refugios instalados hasta la fecha. Sorprende la naturaleza prístina del camino, con árboles y arbustos extendiendo el verde hasta donde alcanza la vista.

Aunque aún se emplean embarcaciones motoras para alcanzar las islas, la idea es que solo los kayaks puedan transitar estas aguas, una experiencia que pretende introducir a los futuros visitantes en este ecosistema por medio del ocio responsable.

"Estamos haciendo algo parecido a lo que se hizo en el Parque Perito Moreno (sur de Argentina), solo que acá, en vez de tener senderos que van de refugio en refugio, vamos de refugio a refugio remando en kayak", puntualiza Ezcurra, sobre unas travesías acuáticas que ya han disfrutado gratuitamente más de 2.000 niños de la zona.

Durante los paseos por el humedal, a pie o en canoa, los observadores pueden deleitarse con los animales oriundos de esta región especialmente habitada por aves: la garza mora, el martín pescador mediano, el atí o la urraca común son habituales de las islas y sus bosques circundantes.

Un ambiente rico en matices, colores y sonidos que también acoge a pobladores menos deseables: las denominadas "exóticas invasoras", como la acacia negra, la mora o el fresno, que son combatidas por un grupo de voluntarios cada fin de semana.

"Acá se busca un desarrollo con la naturaleza, no contra la naturaleza. Desde el marco natural hay que trabajar mucho con el tema exóticas, pero la situación de conservación es buena. Tenemos las credenciales en términos de biodiversidad para ser un buen parque provincial", afirma Ezcurra.

Hermandad en el río Uruguay

Al igual que el proyecto en el Parque Perito Moreno, "Islas y Canales Verdes del río Uruguay" fue financiado por Gilbert Butler, un filántropo estadounidense cuya fundación impulsa iniciativas de conservación de la naturaleza e infraestructuras de uso público.

Butler compró seis islas en el río Uruguay (las tres citadas en el lado argentino y otras tres en el uruguayo) para establecer esta área protegida en torno a ellas y dotarlas de refugios y senderos, con el objetivo de devolverlas a sus respectivos países y crear un "gran parque binacional".

"Creo que el componente binacional es la característica más sobresaliente del proyecto. Este lugar fue escenario de un conflicto ambiental entre Uruguay y la Argentina y hoy podemos asegurar que todo esté conservado, con elementos legalmente vinculantes y con empleo real y concreto para la comunidad", señala Ezcurra.

El director de Banco de Bosques alude a la instalación, hace quince años, de una planta de celulosa sobre el río Uruguay, cerca de Fray Bentos (Uruguay) y Gualeguaychú (Argentina), situadas apenas 50 kilómetros al sur de estas islas.

"Argentina nunca había llevado a la Corte Internacional de La Haya a nadie y lo hicimos con un país hermano (...). (Ambos países) siguen trabajando en la comisión administradora del río, se recompusieron mucho las relaciones bilaterales y hasta el presidente del Uruguay (Luis Lacalle Pou) estuvo remando con nosotros", recuerda.

La conservación de la fauna y flora silvestres y la recuperación del empleo por medio del ecoturismo no serán lo únicos elementos que recomponga este parque fluvial; también los lazos entre dos vecinos con más similitudes que diferencias.

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