Uno de los mayores aumentos afectó al precio de los alquileres y los servicios de agua, electricidad y gas, que subieron casi un 233 %; mientras que la sanidad y el transporte se dispararon un 235 % y casi un 231 %, respectivamente, según los datos del departamento estatal.
Por su parte, la ropa y el calzado se encarecieron un 249 % y la educación pasó a costar un 192 % más que en agosto del año previo.
Coincidiendo con la temporada estival y la llegada de cientos de miles de turistas y miembros de la diáspora libanesa al país, también crecieron significativamente los costes en el sector hotelero y de restauración, en concreto en un 269 %.
Este mes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció que el turismo de verano ha incrementado el flujo de moneda extranjera en el país, creando una apariencia de mejora económica, pero alertó de que se trata de algo en principio temporal y de que el Líbano continúa en una grave depresión.
Desde finales de 2019, la nación mediterránea está sumida en una fuerte crisis económica que ha empujado a cerca del 80 % de la población por debajo del umbral de la pobreza y que ha provocado una caída de casi el 100 % en el valor de la moneda local.
Tras rozar las 140.000 unidades por un dólar a comienzos de año, desde hace unos meses la libra libanesa se mantiene estable en alrededor de 89.000 libras por dólar, entre previsiones de que un reciente cambio al frente del Banco Central lleve a corto plazo a la liberalización del tipo de cambio.