"Grupos terroristas podrían atacar con poca o ninguna advertencia contra hoteles, embajadas, restaurantes, centros comerciales y mercados, colegios, comisarías de policía, lugares de culto y otros sitios frecuentados por extranjeros y turistas", advirtió la misión diplomática en su web.
Entre otras medidas, la Embajada recomendó "permanecer alerta" en las localizaciones que presentan un riesgo, "revisar los planes de seguridad personales" o "evitar las zonas de protestas y manifestaciones".
El Ejército de Kenia invadió Somalia en octubre de 2011 tras una serie de secuestros atribuidos al grupo yihadista somalí Al Shabab en su territorio.
Poco después -en febrero de 2012-, las tropas kenianas se incorporaron a las fuerzas de la Unión Africana (UA) en Somalia, que combaten a los fundamentalistas junto al Ejército somalí.
Desde entonces, estos yihadistas, afiliados a la red terrorista Al Qaeda desde 2012, han perpetrado numerosos atentados en Kenia, como el cometido el 15 de enero de 2019 contra el selecto hotel Dusit D2, en el que asesinaron a 21 personas.
Nairobi vivió un ataque parecido en una zona cercana en septiembre de 2013, cuando al menos cuatro terroristas de Al Shabab asaltaron el centro comercial Westgate.
En ese atentado, murieron 67 personas durante los cuatro días que estuvieron atrincherados los terroristas dentro del edificio, asediados por las fuerzas de seguridad.
El ataque más grave del grupo yihadista en suelo keniano tuvo lugar en abril de 2015, cuando 148 personas murieron en el asalto a la Universidad de Garissa (norte).
Al Shabab perpetra a menudo atentados en la capital somalí, Mogadiscio, y otros puntos de Somalia para intentar derrocar al Gobierno central -respaldado por la comunidad internacional- e instaurar por la fuerza un Estado islámico de corte wahabí (ultraconservador).
El grupo yihadista controla zonas rurales del centro y sur de Somalia, y ataca también a países vecinos como Kenia y Etiopía.
Somalia vive en un estado de guerra y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barre, lo que dejó al país sin Gobierno efectivo y en manos de milicias islamistas y señores de la guerra.