"Un promedio de ochocientos niños que padecen desnutrición aguda grave han sido hospitalizados cada mes en los hospitales de Mweso y Masisi desde que comenzó este año. Esta cifra es casi el doble que la del año anterior", destacó la ONG en un comunicado.
Ambos hospitales están en la provincia oriental de Kivu del Norte, que "ha visto recientemente una reanudación de los enfrentamientos armados entre las Fuerzas Armadas congoleñas, el M23 y otros grupos armados", añadió el documento.
Así, MSF destacó que los combates han "provocado el desplazamiento de muchas personas de sus hogares, empeorando una situación humanitaria que antes ya era crítica".
Muchos civiles se han visto obligados a abandonar sus tierras o no pueden acceder a ellas porque los grupos armados les piden "impuestos" para pasar.
Esto también ha hecho que el precio de alimentos básicos como un saco de harina de yuca se cuadruplicase en el último año, llegando a costar en la actualidad "el equivalente a un día de trabajo en el campo, pese a no alcanzar para alimentar a una familia".
Además, la violencia está impidiendo que numerosos centros médicos puedan funcionar con normalidad y han tenido que cerrar o seguir trabajando con pocos medicamentos a su disposición.
El M23 resurgió en marzo de 2022 después de varios años de escasa actividad y en pocos meses consiguió ocupar muchas áreas y localidades estratégicas en el este de la RDC, si bien se retiró de algunas de esas zonas a mediados de este año por la presión de los líderes de la Comunidad del Este de África (EAC).
Sus combates se reactivaron el pasado día 1, esta vez contra otros grupos rebeldes que ahora colaboran con el Ejército congoleño en el este de la RDC para impedir el avance de esos insurgentes, tras meses de relativa calma.
Desde entonces, el M23 ha conseguido avanzar hasta situarse en la localidad de Kibumba, a unos veinte kilómetros de la urbe de Goma, una de las más pobladas del extremo oriental congoleño y capital de la provincia de Kivu del Norte, además de base de numerosas organizaciones humanitarias.
Más de 198.000 personas han tenido que abandonar sus hogares en lo que va de mes por el temor de estos combates, según la ONU.
Las ofensivas del M23 también han desencadenado una escalada de tensiones entre la RDC y Ruanda por la presunta colaboración de Kigali con los rebeldes, un extremo que las autoridades ruandesas siempre ha negado, pese a que al menos dos informes de la ONU lo han confirmado.
Al mismo tiempo, Ruanda y el M23 acusan al Ejército congoleño de cooperar con las rebeldes Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), fundadas en 2000 por cabecillas del genocidio de 1994 y otros ruandeses exiliados en RDC para recuperar el poder político en su país de origen.
Esa colaboración también ha sido confirmada por la ONU.