La Administración estadounidense ya aplica aranceles punitivos del 50 % a ciertos productos indios como represalia por la compra de petróleo ruso, de manera que la nueva orden, anunciada hoy por Trump, añade un recargo universal del 25 % a "cualquier país que haga negocios" con la República Islámica.
La suma de ambos gravámenes crearía una barrera total del 75 %, un umbral que, según firmas de análisis citadas por la prensa financiera local, haría "comercialmente inviable" la competencia en EE. UU. para sectores clave como el textil, la joyería o la industria farmacéutica.
El riesgo sobre el mayor mercado de exportación se tradujo en una caída del BSE Sensex, principal indicador de la Bolsa de Bombay, que borró las ganancias iniciales. El pesimismo inversor tumbó también las acciones del gigante Reliance Industries pesea la expectativa de las buenas noticias de avances del diálogo comercial con Washington y Bruselas.
Aunque el país dejó de importar crudo iraní en 2019, mantiene operativo el puerto de Chabahar, en el sureste de Irán, un terminal vital para sus intereses, ya que es su única vía de acceso a Asia Central y Afganistán para esquivar a Pakistán y competir con la influencia china.
Además del puerto, la India exporta a Teherán arroz basmati, té y frutas por valor de 1.340 millones de dólares (dato de 2025), un flujo comercial suficiente para activar las sanciones de la Casa Blanca.
Firmas de análisis citadas por medios financieros locales señalan que la India podría estar incluso más expuesta que China, a pesar de que Pekín es el gran sostén económico de Teherán, ya que absorbió más del 80 % del petróleo iraní en 2025, según la consultora Kpler.
Esto debido a que, mientras Pekin cuenta con una economía diversificada y mecanismos estatales para amortiguar el golpe, la India carece de capacidad para iniciar una guerra comercial de represalia contra Washington sin provocar graves daños internos, dada su fuerte dependencia del sector servicios y tecnológico estadounidense.