Al estallido de los primeros choques entre las partes el 6 de enero, las FSD mantenían importantes extensiones de territorio en cuatro provincias diferentes del norte y noreste del país. Tres semanas después, se aferran a alrededor de un tercio de tan solo una de esas demarcaciones administrativas.
Estas son algunas claves para entender cómo, en tiempo récord, se ha materializado algo que Al Sharaa buscaba desde el inicio de su mandato:
Las FSD, creadas en 2015, tenían a comienzo de año buena parte de las provincias de Deir al Zur (este) y Al Raqa (norte), algunas zonas de Alepo (noroeste) y casi toda Al Hasakah (noreste), regiones todas ellas adyacentes que ayudaban a concentrar en sus manos una amplia esquina de Siria.
Tras la caída del régimen de Bachar al Asad, a finales de 2024, las nuevas autoridades centrales del país y los kurdosirios buscaron un arreglo para la integración de las áreas en manos de las FSD, gobernadas por una autoproclamada administración autónoma que el anterior régimen no reconocía.
En marzo del pasado año, las partes alcanzaron finalmente un acuerdo sobre el futuro de esa región, que las FSD habían cosechado al ir ganando territorio al grupo yihadista Estado Islámico (EI) la década anterior.
Con una falta de avances en la implementación de ese pacto como telón de fondo, el pasado 6 de enero estallaron los primeros choques en dos barrios de mayoría kurda en la ciudad de Alepo, donde en cuestión de una semana ambos bandos accedieron a un alto el fuego.
Sin embargo, el bando gubernamental atacó enseguida otras zonas en el este de la misma provincia y, en cuestión de pocos días, acabó lanzando una operación más amplia en Al Raqa y Deir al Zur, donde tribus árabes se levantaron contra la alianza liderada por kurdos, allanando el camino a Damasco.
El rápido avance puso contra las cuerdas a los kurdosirios, que el 18 de enero accedieron a firmar un nuevo acuerdo para la integración de sus zonas en las estructuras estatales, la inclusión de sus combatientes en las fuerzas oficiales del país y la entrada en vigor de un nuevo cese de hostilidades.
En cumplimiento con el pacto, las tropas gubernamentales se desplegaron al día siguiente en las áreas aún pendientes en Al Raqa y Deir al Zur, entrando también a parte de Al Hasakah.
Sin embargo, ambos bandos se siguieron acusando de violaciones del cese de hostilidades en medio del caos, que facilitó una fuga del infame campo de Al Hol para familiares del grupo yihadista Estado Islámico (EI) e incluso otra de una cárcel para combatientes de la formación.
En este contexto, Damasco volvió a anunciar otro frágil alto el fuego el 20 de enero, con una duración inicial de cuatro días y que posteriormente fue extendido por 15 más.
Las FSD se han retirado a las zonas de mayoría kurda, que se concentran en la región de Jazira (noreste) y las inmediaciones de la ciudad de Kobane (norte). El territorio en sus manos se limita ahora a una franja larga pero fina en paralelo a la frontera con Turquía y que aún incluye un cruce con Irak.
Damasco se ha comprometido a no entrar a las localidades de mayoría kurda si las partes logran un entendimiento definitivo, que todavía no ha llegado a falta de diez días para que expire la tregua.
Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, estaría a punto de alcanzarse un nuevo pacto "preliminar" que ata una serie de cabos sueltos y que estipula que será la Policía kurda -aliada de las FSD- quien se encargue de las labores de seguridad en las poblaciones habitadas por esa comunidad.