Líderes del Movimiento Verde en Irán alzan su voz contra la República Islámica

Redacción Internacional, 31 ene (EFE).- Dos de las principales figuras opositoras a la República Islámica dentro de Irán y líderes del Movimiento Verde de 2009, Mir Hosein Musaví y Mehdi Karrubí, responsabilizaron a los dirigentes del sistema teocrático por la “situación catastrófica” del país tras la represión de las recientes protestas y reclamaron su salida del poder.

Musaví, quien fue primer ministro de la República Islámica entre 1981 y 1988, tachó de “horrenda y negra” la muerte de manifestantes por la represión estatal, por lo que exigió la salida del poder de los dirigentes del país y propuso una reforma constitucional mediante un referéndum, según un comunicado publicado en los últimos días y que ha sido condenado por sectores conservadores.

“Propongo la celebración de un referéndum constitucional mediante la formación de un frente amplio, integrado por todas las corrientes nacionales, basado en tres principios: la no intervención extranjera, el rechazo del autoritarismo interno y una transición democrática pacífica”, afirmó Musaví.

El político, que se encuentra en prisión domiciliaria desde hace 15 años por liderar el Movimiento Verde de 2009 contra la reelección como presidente de Mahmud Ahmadineyad, consideró que la paz y la seguridad duraderas no se logran con una intervención extranjera.

Estados Unidos ha desplegado una gran flota militar cerca de las aguas iraníes, en medio de las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de atacar si Teherán no se sienta a negociar su programa nuclear y no detiene la represión de manifestantes.

Musaví acusó a las autoridades del sistema clerical de abrir el camino a una intervención militar extranjera contra el país persa con la brutal represión de las protestas, que, según el balance oficial, causó 1.117 muertos, aunque ONG opositoras como HRANA, con sede en Estados Unidos, cifran los fallecidos en más de 6.300.

Ante ese escenario, dijo que el pueblo ya no tiene otra opción que volver a protestar hasta lograr un resultado e instó a las fuerzas armadas a “poner las armas en el suelo”.

“¿De qué manera debe decir el pueblo que no quiere este sistema? Este juego ha terminado y de ustedes no quedará más que una historia”, sostuvo Musaví, quien fue hombre de confianza del fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeiní.

Las protestas en Irán comenzaron el 28 de diciembre por el deterioro de la situación económica, pero rápidamente tomaron un tono político y exigieron el fin de la República Islámica, alcanzando su punto álgido el 8 y 9 de enero, cuando las autoridades ejercieron mano dura para sofocarlas y acusaron a Israel y a Estados Unidos de incitar disturbios y orquestar “actos terroristas”.

El otro líder del Movimiento Verde y ex presidente del Parlamento iraní, Mehdi Karrubí, responsabilizó directamente al líder supremo de Irán, Alí Jameneí, de la “situación catastrófica” del país, por sus “políticas internas y externas destructivas”.

Karrubí citó entre esas políticas la insistencia en el programa nuclear y el impacto de las sanciones, y afirmó que la magnitud de la represión ha generado tal desconfianza que “una parte significativa de la población ni siquiera está dispuesta a escuchar advertencias sobre los riesgos de una intervención militar extranjera”.

“El alcance de la tragedia es tan profundo que no existe justificación posible para esta matanza brutal y despiadada”, señaló el clérigo, quien también estuvo bajo arresto domiciliario entre 2011 y 2025.

Frente a estas críticas, el Partido de la Coalición Islámica, una formación conservadora cercana al poder, reaccionó con dureza y condenó el comunicado de Musaví, al que calificó de “venenoso” y “lleno de mentiras”.

En un comunicado difundido por medios oficiales, como la agencia Mehr, el partido aseguró que las palabras del ex primer ministro “no reflejan la voluntad del pueblo iraní”, sino que son “producto de la mentalidad de grupúsculos desviados y dependientes del imperialismo”.

Por ahora, en Irán se vive una tensa calma después de que las autoridades apagaran la llama de las protestas con mano de hierro, mientras la sombra de una nueva guerra con Estados Unidos se cierne sobre el país persa.

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