"Hoy día hay dictadores en el mundo que se creen dioses. Todo esto te daré si me adoras, adorar el mal, adorar el pecado, someter a otras personas a la esclavitud, que es la tentación del poder", subrayó Rodríguez durante la homilía celebrada en la Basílica Menor de Suyapa, al oriente de la capital hondureña.
El religioso reflexionó sobre las tentaciones de Jesús en el desierto, centrando su crítica en la vigencia de la "tercera tentación", la búsqueda del poder absoluto y el sometimiento de los demás.
Según el cardenal hondureño, el pecado se disfraza de "libertad o inteligencia", especialmente entre los jóvenes, cuando en realidad es una "oferta engañosa" que esclaviza.
"Muchos jóvenes hoy creen que pecar es ser más inteligentes que los demás, más libres que el sistema, más modernos que la Iglesia, pero en realidad el pecado nunca amplía la vida, la reduce, nunca soluciona nada, más bien complica, nunca libera, el pecado esclaviza, el enemigo siempre vende caro lo que en realidad no vale nada, el pecado es una oferta engañosa", enfatizó.
Rodríguez indicó que el mal se presenta en ocasiones "como una mejora, como una oportunidad o como un ascenso", pero termina siendo "una caída y así sigue hoy, el pecado se vende como libertad, como rebeldía, como inteligencia, como solución rápida".
En el marco del tiempo de Cuaresma, el cardenal contrastó la justicia de Dios con la de los hombres y criticó la doble moral de quienes exigen castigos inmediatos por los errores ajenos, pero postergan su propio arrepentimiento.
"En la justicia humana, muchas veces decimos 'el que la hace la paga'; en la justicia de Dios ocurre algo desconcertante: Dios, siendo inocente, pagó por nosotros", recordó e instó a los fieles a no retrasar su regreso a la fe.
Destacó, además, que Cristo "cargó con lo que no le correspondía y aquí viene una contradicción nuestra: cuando nos hacen una injusticia exigimos a Dios reparación inmediata (...), pero cuando fallamos nosotros le damos largas al asunto, me voy a confesar después, retrasamos la reparación, ya sabemos que Dios nos va a perdonar, pero como tardamos en volver a él".
"La cuaresma es el tiempo para postergar el mal y no postergar el regreso a Dios", señaló Rodríguez, quien explicó que el "desierto" espiritual no tiene como fin la destrucción del individuo, sino su fortalecimiento.
El cardenal hondureño hizo un llamado a la acción en este periodo litúrgico basado en tres pilares: "No creer en las ofertas engañosas del pecado, no postergar el regreso a Dios y no bajar la guardia en momentos de debilidad".