"Hemos vuelto al buen camino", dijo White tras ser citado por el titular de Exteriores, con quien mantuvo "una reunión excelente", según recoge un comunicado de la diplomacia belga.
El embajador también "reconoció que los comentarios agresivos ad personam no eran apropiados" y destacó la "increíble agenda económica" que comparten ambos países, así como sus "valores y cultura comunes".
Prévot, por su parte, señaló que el estadounidense ha descartado la idea de prohibir la entrada en su país al presidente de Vooruit, Conner Rousseau, a quien había declarado "persona non grata" después de que éste dijera que encontraba similitudes entre Adolf Hitler y Donald Trump.
A ese incidente ocurrido en redes sociales se sumaron también acusaciones de "antisemitismo" a Bélgica por el procesamiento en Amberes (norte) de tres circuncidadores judíos que carecían de licencia médica, e insinuaciones de corrupción vertidas contra el ministro de Sanidad belga, Frank Vandenbroucke.
Todo ello llevó al primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, a decir que el comportamiento del diplomático le había producido "gran estupefacción" y a que el ministro de Exteriores le citara -por segunda vez en la última semana- para corregir la situación.
"El papel del embajador está regido por códigos y usos, entre ellos el respeto mutuo y la no injerencia en los asuntos internos", recordó Prévot a su interlocutor durante un intercambio que describió como "franco y directo".
El titular de Exteriores agregó que también es "inapropiado comparar al presidente de Estados Unidos o al Gobierno del pueblo estadounidense con alguien que asesinó a ocho millones de judíos" y abogó por "pasar página".