Mujeres de Venezuela, Guinea y Siria relatan los obstáculos para la nacionalidad española

Madrid, 5 mar (EFE).- Tres mujeres de Venezuela, Guinea Ecuatorial y Siria relataron este jueves las dificultades con que se toparon para conseguir la nacionalidad española por su condición de inmigrantes.

La artista Marian Davies salió de Guinea Ecuatorial con solo 8 años, lleva 54 en España, pero aún hoy se siente a veces "en tierra de nadie".

"No te consideras de allí, pero los de aquí siempre ven tu color y piensan: 'Como eres negra, no eres de aquí'", comentó en el encuentro 'Yo también soy española', organizado por la ONG Rescate con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebrará el 8 de marzo.

Recordó el momento de llegar a España con "alegría" y "emoción", pero cuando creció, conoció lo que eran las trabas administrativas y la xenofobia.

Una de ellas fue para acceder a la nacionalidad. No pudo hacerlo hasta que cumplió los 18 años y, cuando quiso hacerlo, le pidieron el pasaporte guineano, que no tenía porque solo era una niña cuando dejó Guinea: "Fui a la embajada a pedir un pasaporte, pero me dijeron: 'No, porque tú no eres de allí'".

A este tipo de problemas rocambolescos con la burocracia también tuvo que hacer frente Lina Al Bizreh, de Siria, que llegó a España en 2015.

Sus problemas fueron para obtener un certificado de nacimiento, necesario para conseguir la nacionalidad, de un país en guerra como era Siria en aquellos momentos, y sin embajada española.

Tuvo que contratar a una abogada que se trasladase al Líbano para apostillar su documento y volver a Siria, todo esto sin que expirase el plazo de tres meses máximo de validez exigido para tramitar la nacionalidad española. Pese a todo, considera que el esfuerzo valió la pena.

Menos dificultades encontró, pero sí tuvo que esforzarse, la venezolana Migdalia Ibarra. Tras dos años con permiso de residencia en España por razones humanitarias, pudo acceder al trámite por proceder de un país hispanoamericano.

Esto la eximió de hacer el examen de idioma, pero no el de conocimientos y cultura española: "Tuvimos que estudiar las leyes y hacíamos un juego entre todos (los solicitantes de la nacionalidad) con la aplicación, a ver quién respondía mejor. Son 300 preguntas", contó.

De integración habló la iraní Arezoo Mojaverian, quien dijo haber respetado siempre la cultura española, pero también tratar de "intercambiar ideas" y costumbres para que la conozcan mejor: "No se trata de imponer, sino de compartir y adaptarse".

Por su parte, la joven afgana Batol Ghulami aseguró, frente a bulos sobre los inmigrantes, que ella no quiere ser "una carga para el Estado español", sino todo lo contrario: "Una ciudadana orgullosa que ayude a la gente de España, especialmente a través de la educación".

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