El sobrevuelo de los aviones no tripulados israelíes se escuchó durante más de 30 minutos en diversos puntos de Teherán y, según la agencia Fars, atacaron varios puestos de control.
Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, indicó que los drones tenían como objetivo interrumpir las medidas de seguridad en la ciudad, incluidos los puestos de control establecidos en los barrios, pero no dio detalles sobre posibles víctimas ni sobre los lugares atacados.
Sin embargo, el Ejército iraní anunció haber derribado en la capital dos drones israelíes Heron.
Pese a estos incidentes, los habitantes de la capital vivieron una noche de relativa calma en comparación con los bombardeos de las primeras once noches del conflicto, que comenzó el 28 de febrero.
“Por fin dormimos bien. Llevo dos noches durmiendo más relajado, sin escuchar explosiones”, afirmó Naser, un vecino del este de Teherán de 38 años, que cuenta a EFE que por fin pudo dormir más de ocho horas anoche sin despertarse por algún estallido.
Su esposa Mahsa, de 36 años y ama de casa, dice que al parecer no hay más objetivos en Teherán que quieran bombardear.
“Espero que esta guerra acabe pronto para que podamos volver a nuestra vida normal y vivir sin temor a un ataque en cualquier momento”, desea Mahsa.
Con este descenso en los bombardeos y tras el cierre oficial por la muerte de Alí Jameneí, quien murió el primer día de la guerra, las calles de Teherán han revivido ligeramente y se ven más personas y coches por las calles, así como más comercios y tiendas abiertos.
Según Naser, empleado de una embajada latinoamericana en la capital iraní, “la vida continúa aun estando en guerra y bajo las bombas”.
“Si no trabajamos, ¿de dónde sacamos dinero para comer y sobrevivir?”, afirma.