Estados Unidos e Israel lanzaron una ataque contra Irán -al que denominaron preventivo- el pasado 28 de febrero, con el objetivo de eliminar el desarrollo del programa nuclear iraní y propiciar un cambio político en el país persa que está bajo gobierno de los ayatolás desde 1979.
Alí Larijani, una pieza clave de la República Islámica y uno de sus ideólogos, es el blanco de mayor rango desde la muerte del líder supremo Alí Jamenei al comienzo de los bombardeos israeloestadounidenses.
“El jefe de Estado Mayor acaba de informarme de que Larijani, secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional, y el general Gholamreza Soleimani, jefe de los Basij, el aparato represivo central de Irán, fueron eliminados anoche” , declaró el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, en un mensaje de video.
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Sin confirmación de parte de Irán
El gobierno de Irán, de momento no ha confirmado si ambos altos cargos murieron.
Matemático y filósofo de formación, y veterano de la guerra Irán-Irak (1980-1988), fue ministro de Cultura, director de la radiotelevisión pública, negociador jefe del programa nuclear, presidente del Parlamento, candidato presidencial y en los últimos tiempos jefe del Consejo Superior de Seguridad.
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Larijani y Soleimani “se han unido en las profundidades del infierno a Alí Jamenei”, apostilló Katz.
Alto cargos
Larijani desempeñó un papel mucho más visible desde el comienzo de la guerra que el hijo y sucesor del líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien no ha sido visto en público desde el estallido del conflicto.
El paradero y el estado de salud del nuevo guía supremo, aparentemente herido en el ataque que mató a su padre, es objeto de especulaciones. “No se sabe (...) si está muerto o no”, dijo el presidente estadounidense, Donald Trump.
Larijani fue uno de los funcionarios sancionados por Estados Unidos en enero por lo que Washington calificó de “represión violenta del pueblo iraní” , tras las protestas a nivel nacional que estallaron semanas atrás.
El jefe de seguridad fue visto caminando entre la multitud en una manifestación progubernamental la semana pasada en Teherán, en señal de desafío a Israel y Estados Unidos.
Su muerte, si se confirma, sería un duro golpe contra la República Islámica en medio de una guerra en la que han muerto más de 1.000 personas y millones se han visto desplazadas en todo Oriente Medio, especialmente en Líbano e Irán.