La excusa esgrimida son las supuestas plagas y epidemias, entre ellas de pasteurelosis, que los ganaderos y algunos expertos consideran que se puede curar con antibióticos sin necesidad de matar al animal.
Las confiscaciones de ganado para su posterior sacrificio comenzaron en las regiones siberianas de Altái y Novosobirsk, aunque se han detectado ya focos en diez regiones, incluida la europea Chuvashia.
Muchos ganaderos han sido detenidos por bloquear el acceso de las fuerzas de seguridad que se dirigían en convoyes a sus localidades y granjas acompañados de veterinarios.
Los ganaderos se han estado manifestando los últimos dos meses ante las tibias explicaciones de las autoridades, que ni siquiera llevaron a cabo un análisis pormenorizado del ganado sacrificado, que según sus dueños no tenían síntomas de enfermedad.
"Supuestamente se encontró una enfermedad especialmente peligrosa, pero no se proporcionó ninguna documentación que la confirmase y nos rechazaron cualquier petición que exigía mostrarlos", se quejaba uno de los ganaderos a través de vídeos que viralizaron en las redes sociales.
Además de protestar, también rechazan la compensación de 171 rublos (apenas 2 dólares) por kilo de vaca sacrificada, que ven completamente insuficiente ya que está por debajo del precio de una vaca en el mercado, cuyo coste se ha disparado ante la disminución drástica de oferta y el aumento de la demanda.
Además, las autoridades ni siquiera pesan las vacas para medir la compensación, añaden los afectados, para los que dicho ganado es su único modo de vida en el mundo rural, donde muchos hombres han firmado contratos con el ejército para combatir en Ucrania.
"¡Que nos quemen junto con las vacas!", se quejó otra vecina en otro vídeo publicado por locales llamando a desobedecer a la policía.
En la región europea de Penza, los locales se quejaron de que 128 cadáveres de animales sacrificados fueron abandonados a la intemperie durante dos días, con el consiguiente peligro para la salubridad pública.
Tan solo este jueves las autoridades reaccionaron al malestar popular con un comunicado oficial en el que defienden el estado de emergencia declarado en la región de Novosibirsk, pero siguen sin explicar el origen de la epidemia.
"A día de hoy, en el territorio de Novosibirsk se están aplicando medidas veterinarias estrictas, pero absolutamente necesarias para impedir la propagación de la enfermedad y un perjuicio significativa al sector ganadero de nuestra región", comentó Andréi Trávnikov, gobernador de la región de Novosibirsk, a la agencia TASS.
El diario Kommersant informó que los primeros brotes de pasteurelosis en Siberia se detectaron a finales de 2025. En concreto, en Altái los brotes pasaron de 40 en enero a 70 en febrero.
En marzo, las autoridades regionales detectaron también brotes de rabia, lo que llevó a establecer cuarentena en varios distritos de Novosibirsk.
Posteriormente, algunos medios comunicaron que las autoridades podrían estar ocultando casos de fiebre aftosa, muy contagiosa y especialmente peligrosa para la ganadería, así como el comercio ganadero internacional.
Paralelamente, dos periodistas fueron detenidos, Dmitri Palushin e Iván Frólov, por supuesta desinformación tras cubrir los eventos y levantar la voz de alarma a nivel nacional.
Se desconoce la cifra exacta del ganado sacrificado, pero según el portal The Insider en una granja de la empresa Mitprom (Altái) fueron sacrificados más de 70.000 cerdos, mientras otros medios han informado sobre miles de sacrificios bovinos en otras zonas del país.
Mientras tanto, el precio de la carne no hace más que subir y la carne bovina ya cuesta hasta 1.300 rublos (más de 15 dólares) por kilogramo en las regiones siberianas.
Las víctimas denuncian que los beneficiarios de las confiscaciones pueden ser los grandes propietarios ganaderos, tales como Miratorg, uno de los mayores productores de carne a nivel nacional.
Miratorg, empresa al que la prensa relaciona con el expresidente Dmitri Medvédev, emitió un comunicado en el que aseguró que se solidariza con los granjeros privados, pero que sus granjas se encuentran en la parte europea del país, a miles de kilómetros del epicentro del foco.
Las epidemias amenazan la exportación de carne rusa al exterior y, de hecho, Kazajistán ya prohibió recientemente las importaciones de ganado, carne y leche de las regiones rusas de Altái, Omsk y Novosibirsk.