Ganador de los comicios del pasado febrero tras ser previamente nombrado primer ministro interino en septiembre a raíz de la polémica decisión del conservador Tribunal Constitucional de destituir a su antecesora, Paetongtarn Shinawatra -del progresista Pheu Thai-, Anutin se ha comprometido a dar continuidad y mantiene a los ministros de Finanzas, Exteriores y Comercio.
Su éxito en las urnas -en las que su partido, el Bhumjaithai, obtuvo 192 de los 500 escaños en juego-, le ha permitido además tejer un amplio pacto con apoyo de 292 diputados.
Todo ello, sumado a su cercanía al Ejército y la monarquía, en un país con una docena de golpes de Estado exitosos desde el fin del absolutismo en 1932, sugiere un posible periodo de estabilidad política tras tres dirigentes en el último trienio.
A continuación, claves del ascenso de Anutin y los retos y amenazas que se ciernen sobre la nueva legislatura en Tailandia:
Con un rol de partido bisagra tras las elecciones de 2019 y 2023 -ganadas por el movimiento reformista, que fue vetado por el entonces consevador Senado-, el Bhumjaithai ha logrado transformarse desde una plataforma regionalista con influencia en el agrícola noreste tailandés a encabezar desde septiembre la política nacional.
El conflicto bélico fronterizo entre Tailandia y Camboya es uno de los impulsos que conciben esta metamorfosis. De manera abrupta, Anutin abandonó el pasado junio el gobierno de coalición liderado por el Pheu Thai por comentarios críticos con el Ejército de la entonces dirigente.
Los combates estallaron en julio y en agosto el conservador Tribunal Constitucional destituyó a Paetongtarn Shinawatra al determinar que esas críticas "demostraron falta de unidad entre el Ejército y el Gobierno". Anutin vio la oportunidad y llegó al poder con el compromiso de convocar elecciones anticipadas.
Ya en el cargo, una segunda ronda de enfrentamientos bélicos en diciembre alimentaron la retórica patriótica del Bhumjaithai. Otro de los factores de su éxito electoral, apuntan los expertos, es la red de apoyos que logró confeccionar a raíz de atraer a sus filas a varias influyentes familias políticas del país.
Durante la campaña electoral, Anutin prometió revivir la economía tailandesa y solucionar el problema de la alta deuda familiar que atenaza al país a través de una serie de políticas con el fin de estimular el consumo, entre otras medidas, en medio de iniciativas tachadas de populistas.
Sin embargo, la guerra en Irán y el bloqueo al estrecho de Ormuz amenazan con golpear a la economía tailandesa, muy dependiente del combustible y sus derivados procedentes del Golfo Pérsico.
En estas semanas ya se han registrado largas colas en gasolineras del país ante el temor a un alza de precios, mientras las asociaciones de agricultores expresan su preocupación sobre una subida en el coste de los fertilizantes. El trastorno del espacio aéreo también afecta al importante sector turístico tailandés al afectar a una de las principales vías que unen a Europa con Bangkok.
Si bien estos son algunos de los retos prácticos a los que deberá enfrentarse Anutin, se suman las denuncias presentadas ante los tribunales en las últimas semanas por una serie de supuestas irregularidades registradas durante las elecciones, de incierto recorrido.
Entre ellas destaca la solicitud aceptada a trámite el miércoles por el Tribunal Constitucional respecto a la presunta violación del voto secreto a raíz de unos códigos de barra que aparecían en las papeletas electorales que, según activistas, podían desvelar la opción de los electores.
Si se dictara que se ha violado el secreto de voto se podría declarar nula la votación, según han apuntado varios expertos, lo que sumiría de nuevo en la incertidumbre a la política tailandesa.