Mujeres gazatíes hornean juntas dulces para el fin del Ramadán: "Nada nos desanima"

Jan Yunis (Franja de Gaza), 19 mar (EFE).- En el sur de Gaza, una carpa acoge estos últimos días de Radamán a mujeres que se acercan a hornear sus dulces para celebrar el Aid Al Fitr, la fiesta que pone fin al mes sagrado musulmán, entre los escombros a los que ha quedado reducida la Franja palestina.

Las mujeres, algunas viudas, no tienen dónde cocinarlos porque, o bien viven en precarias tiendas de campaña, o bien carecen de gas con que hacerlo, por lo que solo les queda ir a sitios comunales, como este de Jan Yunis, donde dan forma juntas a los dulces.

Allí está Jadalah, que se quedó viuda por la ofensiva israelí en Gaza que ha dejado más de 72.000 muertos. Antes del 7 de octubre de 2023, cuando Hamás atacó el territorio israelí y sus tropas iniciaron sus brutales ataques a Gaza, vivía en Nuseirat, en el centro de la Franja, y recuerda a EFE con claridad dos fechas que marcaron sus últimos años de vida.

"Mi esposo murió el 3 de marzo de 2024. Mi casa fue bombardeada el 4 de diciembre de 2024", explica para añadir que las madres de Gaza -ella tiene cuatro hijos- tienen ahora más responsabilidades que nunca, pero aún así siguen adelante.

"Las responsabilidades han aumentado, tanto económicamente como materialmente. Pero nada nos desanima ni nada nos cansa. Esto no se trata solo de hacer dulces. Estamos diciendo que la mujer palestina, especialmente la gazatí, es una mujer fuerte, que ayuda y que trabaja duro, y que las dificultades nunca la quiebran", resume.

Jadalah prepara el 'kaak', unas rosquillas hechas a base de harina, azúcar, sésamo, cardamomo o anís, aunque un año más los ingredientes no son fáciles de conseguir y el horno de leña, en lugar de gas, complica la cocción. Por eso, en Gaza las galletas del Aid son un lujo.

"Hacemos galletas para que nuestros hijos sientan alegría, para que sepan que el Aid aún existe", resume otra de las mujeres en la tienda sobre una festividad que se celebrará seguramente este viernes y que pone fin al mes más sagrado del islam.

Al fondo de la carpa, decorada con dibujos de utensilios de cocina, dos hornos de leña funcionan a todo gas para hornear los dulces. Las mujeres pagan 4 séqueles (algo menos de un euro) por cada bandeja cocinada, la mitad que en otros lugares de Gaza.

Lo cuenta Um Muhamad, original de Beit Lahia, una localidad del norte de la Franja hoy completamente arrasada por los ataques israelíes y controlada por el Ejército de Israel.

Como la inmensa mayoría de los gazatíes, ha sufrido varios desplazamientos forzosos a lo largo de la guerra, junto con sus tres hijos y su marido.

"Venimos aquí a hornear porque no hay otros lugares donde hacerlo ni siquiera hay gas. Nuestra casa fue destruida", explica.

Ella vive ahora en una tienda y este año puede cocinar sus dulces gracias a esta iniciativa que supone también una fuente de ingresos para una familia emprendedora que decidió montar esta panadería improvisada.

"Este proyecto nos ha facilitado mucho las cosas. Antes horneábamos las bandejas afuera, pero era mucho más caro. Aquí es más económico", dice Um.

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