"Después de haber avanzado y haber recuperado la democracia, en unos años empezó un proceso de regresión de esos derechos en el campo de los derechos humanos", dijo Dador Tozzini en una conversación con EFE en Asunción, la capital de Paraguay.
La norma, aprobada bajo el Gobierno de Dina Boluarte (2022-2025), concede amnistía a cientos de integrantes de las fuerzas de seguridad y armadas y a los integrantes de los comités de autodefensa que hayan sido sentenciados o estén procesados por crímenes cometidos en el contexto del conflicto armado entre los años 1980 y 2000, que dejó unos 21.000 desaparecidos.
La abogada señaló que los jueces peruanos se han negado a aplicar la Ley de Amnistía por "control de convencionalidad", al entender que la norma va en contravía de las disposiciones de convenios y normas superiores, como la propia Constitución peruana.
Sin embargo, Dador Tozzini dijo que los defensores de derechos humanos continúan exigiendo la derogatoria de esta herramienta legal, al considerar que unos 150 funcionarios de seguridad detenidos por abusos y otros 600 con procesos abiertos podrían escapar de la Justicia.
Asimismo, expresó que esta petición no significa "una cacería contra las fuerzas armadas o los miembros policiales" que tomaron parte de la lucha armada, sino de ejercer "Justicia contra malos efectivos que no cumplieron adecuadamente su función".
"Estas personas están intentando conseguir quedar libres o inalcanzables por la Justicia (con esta ley)", añadió.
Citó como ejemplo del panorama de regresión en materia de derechos humanos en Perú la reciente puesta en libertad del exministro y excandidato presidencial Daniel Urresti, que estaba condenado a 12 años de prisión por el asesinato del periodista Hugo Bustíos, en calidad de autor mediato (con dominio del hecho), cuando el sentenciado ejercía de jefe militar.
Urresti había intentado acogerse sin éxito a la Ley de Amnistía y salió de prisión cuando el Tribunal Constitucional anuló su sentencia.
Los hechos por los que fue condenado se remontan al 24 de noviembre de 1988, cuando Urresti era jefe de inteligencia de un cuartel militar en la región andina de Ayacucho, la más convulsa del conflicto armado interno contra Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).
Ese día, Bustíos fue emboscado en un paraje rural mientras se encontraba investigando el asesinato de una mujer presuntamente cometido por Sendero Luminoso, y tras el ataque su cuerpo fue destruido con una granada.
En una primera sentencia emitida en 2018, Urresti fue absuelto de la acusación por el asesinato de Bustíos, pero en segunda instancia, dictada en 2019, se ordenó repetir el juicio, y en 2023 fue condenado a 12 años de prisión como autor mediato del crimen contra el periodista.