A las 7:45 de la mañana de aquél día, dos explosiones golpearon el principal aeropuerto de Bruselas y, una hora más tarde, otra detonación tuvo lugar en la red de metro de la ciudad, dejando 340 heridos además del citado número de muertos.
Los atentados de la capital belga, reivindicados por el autoproclamado Estado Islámico (EI), se produjeron en plena ebullición del terrorismo yihadista en suelo europeo la pasada década.
París fue la primera ciudad que recibió un ataque coordinado en ese contexto, y a Bruselas le siguieron Barcelona, Berlín y Londres, tras un llamamiento de EI a sus seguidores a atacar ciudades europeas como respuesta a la coalición internacional formada por EE.UU. en 2014 para acabar con EI, derrotado militarmente en 2019.
La Unión Europea afronta hoy una amenaza terrorista en teoría inferior a la de hace una década. Mientras en 2016 tuvieron lugar 857 detenciones por terrorismo en suelo europeo, en 2024 fueron 449, según los últimos datos de Europol. El único denominador común es que el yihadismo se ha mantenido como el tipo de amenaza terrorista más frecuente.
Expertos coinciden en que, tras el debilitamiento de EI, la amenaza ya no procede de las estructuras terroristas. "Ahora hablamos de un fenómeno que en la UE se manifiesta de manera desestructurada, principalmente a través de la acción de actores solitarios que se movilizan para cometer atentados poco sofisticados y de baja letalidad", resume Carola García-Calvo, miembro del comité asesor de la red europea contra la radicalización violenta, de la Comisión Europea, en conversación con EFE.
Mediante el consumo de propaganda yihadista en línea y videojuegos violentos, impulsado por la pandemia de coronavirus, estos jóvenes aislados (algunos menores) se radicalizan y conforman "una ideología a medida" que les lleva a legitimar el uso de la violencia. "Y vemos cómo los procesos de radicalización son más acelerados de lo que eran en el pasado", advierte la investigadora del Real Instituto Elcano.
García-Calvo señala que dicha propaganda se alimenta actualmente de conflictos internacionales como la guerra en Gaza o Irán, que sirven de "gasolina" para la radicalización. "Los grupos yihadistas reducen estos conflictos a un conflicto entre religiones, de que Occidente está contra el Islam. (...) Eso supone un acelerador de propaganda", dice.
Según el miembro del consejo asesor del centro de lucha contra el terrorismo de Europol entre 2018 y 2022, Manuel R. Torres, la buena noticia es que hoy "existen muchas más dificultades" para acceder a propaganda generada por grupos terroristas, ya que en pleno apogeo del EI ese contenido se podía visualizar "en dos clicks".
Aunque la amenaza se centre principalmente en entornos digitales, los expertos ponen sobre la mesa la hipótesis de un resurgimiento de EI, al que hace tres meses se le atribuyó un ataque terrorista en Bondi Beach (Australia).
Fuentes de inteligencia citadas por el Real Instituto Elcano afirman que el grupo contaría hoy con entre 5.000 y 10.000 efectivos, cifra notablemente superior a los 2.000-2.500 que se le atribuían en 2024. "La capacidad de regenerarse de estas organizaciones es mucho más rápida y efectiva de lo que creemos", subraya Torres.
El motivo es que los conflictos emergentes en Oriente Medio consumen actualmente "atención y recursos" que indirectamente desvían los objetivos fuera de la lucha antiterrorista, lo que puede "sentar las bases" para que grupos terroristas puedan reforzarse "en el medio y largo plazo".
"Si el foco ahora mismo se pusiese durante mucho más tiempo, por ejemplo, sobre Irán, Líbano o Israel, podríamos estar hablando de un riesgo mayor de que se regenerara el terrorismo yihadista", apunta García-Calvo.
Estas nuevas prioridades podrían mermar también la atención al terrorismo yihadista en África, "un escenario de oportunidad tras la situación de debilidad en Oriente Medio", según la experta.
El exasesor de la agencia policial europea matiza que la conflictividad internacional, por ahora, "no ha afectado demasiado a la movilización yihadista", que además "sería muchísimo más elevada si no existiera toda esa acción represiva contra el terrorismo que se ejerce de manera continuada" desde Europa.
Pese a ello, advierte del posible "efecto a largo plazo, mucho más lento y progresivo" que los conflictos recientes, como los bombardeos en Gaza, puedan generar en futuras generaciones, con una violencia que "empecemos a percibir pasados unos años".