Así lo explicó la comisaria de la muestra y directora del Museo Lalique (Wingen-sur-Moder, Francia), Véronique Brumm-Schaich, en la Fundación Barrié, en A Coruña (noroeste de España), que acoge la exposición desde este jueves 26 de marzo, hasta el próximo 12 de julio.
Incluye cerca de trescientas piezas de René Lalique (Ay, 1860 - París, 1945) con joyas y obras en vidrio, junto con dibujos y otros objetos como espejos o textiles, aportados por el Museo Lalique, el Museo Calouste Gulbenkian (Lisboa, Portugal) y colecciones privadas.
Véronique Brumm-Schaich explicó que el francés fue "el inventor de las joyas modernas" y con la muestra es posible contar "cómo supo evolucionar artísticamente e inspirarse en el estilo japonés y en el arte egipcio, al tiempo que utilizaba nuevas técnicas y se convirtió en un gran maestro del vidrio".
Fue capaz de "combinar innovación, belleza y profundidad" a lo largo de una carrera en la que buscó "democratizar el acceso al arte" al perseguir una reducción de los costes de producción respecto a los grandes vidrieros de la época, dijo.
La directora de la Fundación Barrié, Carmen Arias, subrayó que René Lalique, diseñador preferido de la actriz Sarah Bernhardt y de la marquesa Luisa Casati, fue un maestro del art nouveau y el art déco, quien redefinió la relación entre arte, diseño e industria y marcó un antes y después en la historia del diseño europeo del cambio de siglo.
La exposición es un recorrido por la trayectoria del artista, especialmente su faceta de joyero, que incluye también las escasas piezas que hizo para su propia familia.
Los colgantes, pendientes, adornos para corpiños, collares, diademas e incluso hebillas de cinturón reflejan su capacidad innovadora y su renovación del arte de la joyería.
Los dibujos y las fuentes de hierro permiten comprender mejor su proceso creativo mientras que las estolas, los marcos, los bastones, los apliques y otros espejos demuestran que René Lalique, en respuesta a su tiempo, fue mucho más que un orfebre y vidriero.
Por último, una mirada a su historia, destaca la fértil imaginación del artista y el descubrimiento de la fauna y la flora que tanto le inspiraron, sin olvidar su devoción por la mujer.
Lalique, quien sorprendió al mundo con su libélula con cara de mujer en la Exposición Universal de París en 1925, vivió dos vidas artísticas consecutivas, en las que destacó como una de las figuras más relevantes que marcaron con su personalidad la época del art nouveau y, más tarde, la del art déco, dos estilos opuestos.