"La India debe recordar que cualquier imprudencia, de cualquier tipo, recibirá una respuesta firme, decisiva y rápida. El Gobierno de Pakistán tomará todas las medidas posibles para la defensa del país", afirmó en una rueda de prensa el ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar.
Tarar dijo que la India aún no ha presentado pruebas sobre sus alegaciones contra Islamabad, a las que calificó de "propaganda" y de una supuesta "operación de falsa bandera", y que llevaron a las dos naciones a su peor escalada bélica en décadas.
El ministro paquistaní insistió en que su gobierno ofreció realizar una investigación neutral para esclarecer el ataque contra civiles, que según los medios indios fue inicialmente reivindicado por el Frente de Resistencia (TRF), con base en Pakistán.
"Además, sin pruebas, sin investigación y sin una indagación adecuada, se culpó inmediatamente a Pakistán", afirmó.
El ministro de Defensa de la India, Rajnath Singh, declaró desde Alemania que el país mantendrá una respuesta contundente ante cualquier intento de desestabilización.
"India nunca ha atacado a ningún país del mundo desde su propio territorio, pero si un vecino intenta crear problemas, entonces punto, punto, punto. Todos los vecinos son buenos, solo uno es problemático", dijo el ministro indio sin nombrar directamente al vecino Pakistán.
Singh hizo referencia a la denominada "Operación Sindoor", la respuesta militar ejecutada en mayo de 2025 tras el atentado, y subrayó que la estrategia de seguridad de Nueva Delhi se mantiene sin cambios.
"Ante los actos contra la India, la respuesta está asegurada. Se hará justicia. Siempre", escribió el Ejército indio en un comunicado en X junto a una imagen de los resultados de la operación militar contra Pakistán.
El incidente del año pasado derivó en una crisis que incluyó la suspensión unilateral del Tratado de Aguas del Indo, el cierre de la frontera comercial y combates aéreos entre ambas naciones, hasta el anuncio de un alto el fuego definitivo el 10 de mayo.
Los espacios aéreos de ambos países permanecen cerrados para el tráfico mutuo un año después del ataque y la frontera terrestre se mantiene bajo estrictas restricciones comerciales.