Los yihadistas del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM, por su acrónimo en árabe, filial de Al Qaeda en el Sahel) amenazan con imponer un bloqueo total sobre Bamako, que sufre problemas de abastecimiento y cortes de electricidad.
El JNIM pretende derrocar a la junta militar gobernante y establecer la sharia (ley islámica) tras la amplia ofensiva del pasado 25 de abril por los yihadistas y los separatistas del Frente de Liberación del Azawad (FLA), en la que murió el ministro de Defensa Sadio Camara.
Mientras, la junta militar, apoyada por los mercenarios rusos del Africa Corps y refuerzos de sus aliados de Niger y Burkina Faso, lanzó operaciones militares contra los ataques.
En Bamako y la colindante Kati, bastión del poder surgido de los golpes de Estado de 2020 y 2021, las autoridades han reforzado la seguridad, mientras Kidal (norte) ha sido tomada por los rebeldes de FLA y hay toque de queda nocturno en otras localidades como Tombuctú.
"No se puede ni andar cerca de los cuarteles", explicó a EFE por teléfono un testigo desde Bamako que añadió que los efectivos malienses van armados y algunos llevan perros en las principales carreteras o cerca de infraestructuras sensibles.
Pese a la vigilancia de los militares, los ataques a camiones de alimentos hacen que los transportistas eviten las carreteras que van a Bamako, lo que ha disparado los precios de alimentos y de carne, que se duplicaron a menos de dos semanas de la Tabaski, la fiesta musulmana del sacrificio en África Occidental.
"La fiesta se acerca, tememos que los autobuses fueran atacados, la gente está inquieta, va a ser difícil que los corderos salgan de la región hacia Bamako, será muy difícil", explicó a EFE por teléfono un concejal de Niafunké (Tombuctú, norte).
La misma fuente, que pidió anonimato, señaló que también el transporte fluvial por cayucos por el río Niger -que atraviesa Mali de suroeste a noreste y conecta varias ciudades del interior- resulta "muy difícil" porque los yihadistas lo prohíben.
"La gente está inquieta pero lo que ocurrió (el pasado 25 de abril) ha suscitado la cohesión social y un impulso de solidaridad y patriotismo en la región de Tombuctú, la juventud está dispuesta a movilizarse por el terreno", aseguró.
Para garantizar el suministro, las autoridades malienses -apoyadas por cobertura aérea de los mercenarios rusos- escoltan los convoyes de camiones cisterna de combustibles que van hacia Bamako.
En la carretera que une Bamako con Ségou, principal eje hacia el centro y el norte del país, las estaciones siguen abastecidas de gasolina, pero el gasóleo -usado sobre todo por transportistas y taxistas- escasea y provoca largas colas.
El desequilibrio persiste: mientras el precio oficial del gasóleo ronda los 1.500 francos CFA por 20 litros (unos 2,3 euros), en el mercado informal puede alcanzar entre 25.000 y 30.000 francos CFA (aproximadamente 38 a 46 euros).
Entre los cortes de electricidad, el alza de precios y las temperaturas de hasta 40 grados, los malienses intentan seguir adelante con su vida diaria.
Yacouba, habitante de la capital, cuenta a EFE que la escuela privada donde estudian sus tres hijos, en Tabakoro (al este de Bamako), ha creado grupos de WhatsApp para estudiantes y padres con el fin de informarles sobre la celebración de clases, posibles alertas de seguridad o cambios en el programa escolar.
"Ahora, con la canícula, los horarios han cambiado y los niños estudian hasta las 14.00, cuando deben volver a casa", subraya.