El presidente Luiz Inácio Lula da Silva firmó durante un acto en la ciudad de Manaos órdenes para destinar los recursos al asfaltamiento y a la construcción de tres puentes de cemento en uno de los tramos de la BR-319.
Lula destacó que la pavimentación de la carretera es una demanda constante de la población desde que fue abierta en 1970 durante la dictadura militar, y dijo que, pese al costo, la obra “compensa” para poder llegar “a otros lugares”.
Frente a las preocupaciones de los ambientalistas, el mandatario aseguró, sin entrar en detalles, que la vía será “la más moderna del mundo” en cuestión de preservación.
A menos de cinco meses de unas elecciones en las que aspira a un cuarto mandato, Lula atiende, así, a las demandas de políticos y empresarios de la Amazonía, que consideran la pavimentación de la carretera un elemento esencial para el crecimiento económico de la región.
“Es un anhelo de los 4,5 millones de amazonenses que necesitan tener el derecho de ir y venir del resto del país”, afirmó el gobernador del estado de Amazonas, Roberto Cidade.
La ruta de 885 kilómetros une Manaos, la mayor urbe del norte de Brasil, con la ciudad de Porto Velho, pero alrededor de 400 kilómetros se vuelven intransitables durante la temporada de lluvias y, cuando esto sucede, la región solo es accesible por barco o avión desde el resto del país.
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Por otro lado, los ambientalistas han alertado sobre el impacto negativo que las obras de mejora pueden tener sobre la conservación de una de las áreas de selva mejor preservadas de la Amazonía, ya que la apertura de nuevas carreteras impulsa casi siempre la deforestación en el entorno.
Sin embargo, Lula, quien se ha comprometido a reducir la tala, ha defendido que se puede conjugar la pavimentación de la BR-319 con la protección ambiental.
En ese sentido, el Gobierno planea crear nuevas reservas naturales y tierras indígenas a lo largo de la vía, reforzar la presencia de las fuerzas de seguridad e impulsar actividades económicas sostenibles.
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Después de algunos años de aumento durante la Administración del ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022), la deforestación en el mayor bosque tropical del planeta empezó a caer a partir de la toma de posesión de Lula a inicios de 2023.
Desde entonces, la tala ha disminuido un 50 % respecto al periodo anterior, gracias al refuerzo de las labores de vigilancia y pese a las continuas presiones del sector agropecuario.