Varias sentadas se mantienen activas pese al corte de suministros, la falta de internet y el despliegue de fuerzas de seguridad.
“Cualquier ración que teníamos, se la dimos a esta gente. Ya no nos queda harina en nuestras casas, las líneas de suministro han sido cortadas”, relata a EFE el residente Imran Mir, en referencia al apoyo local que sostiene la protesta en Rawalakot.
Cuando el Comité Conjunto de Acción Popular (JAAC, por sus siglas en inglés) salió a las calles por primera vez en 2023, sus demandas se centraban en el alivio de las facturas de electricidad, el aumento de los precios del trigo y los privilegios de los que disfrutan quienes están en el poder.
Ahora, el comité exige la eliminación de los doce escaños reservados en la Asamblea Legislativa para los refugiados de la Cachemira administrada por la India, una demanda que ha elevado la tensión política en este territorio disputado entre Pakistán y la India.
Con una diáspora de unos 2,5 millones de cachemires en Pakistán, el JAAC acusa a los principales partidos de explotar esos escaños para influir en la formación de Gobierno en Muzaffarabad, capital de la Cachemira paquistaní.
Los disturbios estallaron el viernes pasado, cuando Mohammed Shahzeb, un joven que según el JAAC se negó a revelar el paradero de los líderes del comité, fue abatido por las fuerzas de seguridad.
El lunes por la noche, mientras manifestantes en duelo se reunían frente al Hospital Militar Combinado (CMH) para exigir la entrega de su cuerpo, las fuerzas de seguridad lanzaron una operación contra ellos, según testigos.
“Cuando tomaron el control del CMH, se llevaron todos los cadáveres y a los heridos”, explicó Mir, quien afirmó que estaba presente en la sala de urgencias del hospital.
“De cada uno de nuestros pueblos han desaparecido tres o cuatro personas, y todavía no sabemos si están vivas o muertas”, añadió.
Las autoridades confirman 15 muertos, incluidos cuatro agentes, mientras el JAAC eleva el balance a un centenar de fallecidos, una cifra que no ha podido ser verificada de forma independiente.
Las fuerzas de seguridad han establecido un cordón en torno a la explanada de Dreak Eidgah, cerca del centro de Rawalakot, donde se mantiene la mayor de las tres sentadas en curso.
La última muerte ocurrió el jueves, cuando el joven Subhan Arif falleció por disparos. La Policía sostiene que murió al resistirse violentamente al arresto de un líder del JAAC, mientras el comité afirma que fue abatido cuando iba a rezar a una mezquita.
El tiroteo alcanzó incluso una vivienda situada a un kilómetro de distancia, según un residente que pidió no ser identificado.
“Dos balas impactaron en nuestro tejado y una tercera pasó entre mi hermano y yo a quince centímetros de distancia”, relató.
El viernes al mediodía, la situación en el interior de la protesta era de calma tensa, con miembros del JAAC alerta ante una posible intervención y varios encargados de la seguridad de los manifestantes portando palos de madera.
Los residentes se han convertido en la principal red de apoyo de la protesta, al abrir sus casas y compartir comida con manifestantes que han quedado sin provisiones.
Las fuerzas de seguridad, rechazadas por parte de la población local, también enfrentan escasez de alimentos. Al menos tres miembros del JAAC las acusaron de saquear panaderías y tiendas en busca de comida.
“En mis 50 años, nunca había presenciado tanta brutalidad como la que he visto ahora”, lamentó Zahoor Ahmed, miembro del JAAC.
Ancianos de la comunidad han pedido a Islamabad que dé un paso atrás y busque una salida pacífica a la crisis.
El pasado 5 de junio, el Gobierno regional ilegalizó el JAAC y acusó de sedición a dos de sus líderes. Desde entonces, sus principales dirigentes permanecen perseguidos o en la clandestinidad, mientras jóvenes simpatizantes han asumido un papel más visible en las sentadas.
El Gobierno intenta reimponer el orden en una región donde la protesta ha pasado de las demandas económicas iniciales a una disputa política sobre la representación legislativa y el control del poder local.