ABC en Israel: tres factores que podrían generar un cambio en Irán

Mural con los rostros de los primeros ayatolás iraníes Ruhollah Jomeini (i), Ali Jamenei (C, falleció en febrero pasado) y el actual líder supremo, Mojtaba Jamenei (d), exhibido en la capital de Irán, Teherán.105928+0000 ATTA KENARE

DESDE TEL AVIV, Israel. El director del programa de investigación sobre Irán del instituto israelí INSS, Raz Zimmt, sostuvo que sin un cambio político en Irán cualquier solución será solo una tregua frágil. Además, especificó tres factores claves combinados entre sí que podrían propiciar la caída del régimen de la República Islámica.

El director del programa de investigación sobre Irán del instituto israelí INSS, Raz Zimmt, en diálogo con editores internacionales de América Latina, sostiene que solo la combinación de movilización masiva, una coalición interna organizada y fracturas en las fuerzas de seguridad podría convertir la protesta en transición.

Propone una estrategia pragmática que incluya acuerdos nucleares temporales y verificables por la comunidad internacional para reducir riesgos mientras se debilita al régimen.

En el complejo tablero de Medio Oriente, la guerra contra Irán, iniciada el pasado febrero tras el ataque “preventivo” en conjunto lanzado por Estados Unidos e Israel, concluye una fase activa, sin embargo, no se ha resuelto ninguno de los problemas estructurales que la originaron.

Un alto el fuego extendido por Estados Unidos mantiene la región en un equilibrio precario que, según advierten los especialistas, el cese parcial del las hostilidades podría colapsar en cualquier momento.

Raz Zimmt, director del programa de investigación sobre Irán del instituto israelí INSS, durante una conferencia para editores internacionales de América Latina, en la ciudad de Tel Aviv.

“Ni paz ni guerra”

El análisis inicial Zimmt también señala de forma clara que sin un cambio político significativo en Teherán, “no será posible encontrar una solución duradera a la amenaza iraní”.

“Nos quedaba claro para todos inmediatamente después de la guerra que no se iba a encontrar una solución satisfactoria ni para el problema nuclear, ni para el problema balístico, ni para el apoyo iraní a sus proxies (Hezbolá, Hamás y otros) en la región”, explica.

El contexto actual, según describe el investigador, es el peor de los mundos posibles. El alto el fuego vigente “no es ni paz ni guerra”, una situación que en Medio Oriente "puede durar mucho tiempo, pero es muy peligrosa”.

De hecho, recuerda que el mundo estuvo “no lejos de la reanudación de la guerra”, cuando las amenazas cruzadas entre Israel e Irán estuvieron a punto de desencadenar una nueva escalada.

¿Fracasó el cambio de régimen por la vía militar?

Uno de los puntos centrales del análisis de Zimmt es que la guerra no logró su objetivo estratégico más ambicioso: provocar una caída del régimen de los ayatolás, que tomaron el poder en 1979 con la revolución islámica.

Lejos de eso, el resultado fue un endurecimiento del liderazgo. “No obtuvimos un cambio de régimen, obtuvimos un cambio en el régimen, y lamentablemente ese cambio es negativo”, afirma.

“Al morir Alí Jameneí, el extremista de 87 años, recibimos a Mojtabá Jameneí, el aún más extremista de 57 años”, explica.

El especialista del INSS sostiene que hubo sectores en Jerusalén y Washington que “se enamoraron de los planes operativos” que prometían descabezar al liderazgo iraní. Sin embargo, esos planes —que incluían desde una invasión kurda hasta la imposición de un gobierno encabezado por el expresidente Mahmud Ahmadineyad— resultaron inviables.

“Personalmente me pareció una locura todo ese programa”, confiesa Zimmt. “La idea de hacer caer al régimen en Irán no era realizable”.

Logros parciales, riesgos persistentes

En el terreno militar, su balance es mixto. En cuanto al programa de misiles balísticos, Zimmt se muestra “un poco más optimista” que en contiendas anteriores.

Esta vez, Estados Unidos e Israel lograron dañar no solo los misiles y lanzadores, sino también las cadenas de producción.

“La capacidad de fabricar nuevos misiles se ha visto duramente afectada”, y los plazos de recuperación, según estima, oscilan entre tres años para los más optimistas y un período más prolongado para los realistas.

Sin embargo, el panorama nuclear es mucho más sombrío. “Aquí debo señalar, no soy nada optimista”, admite Zimmt. “La actual guerra casi no se ocupó del tema nuclear”.

Irán conserva unos 440 kilos de uranio enriquecido al 60%, a solo días de alcanzar el 90% necesario para un arma atómica. Además -agrega- posee cerca de 9.000 kilos de uranio de menor pureza, cientos de centrífugas avanzadas e instalaciones subterráneas dañadas pero no destruidas.

“Si los iraníes deciden llegar a armas nucleares —y no cabe duda de que su motivación solo ha aumentado—, sin duda lo pueden hacer en un plazo de entre 6 y 12 meses”, advierte.

La paciencia del régimen vs. la impaciencia de Trump

Uno de los factores que más preocupa a Zimmt es la asimetría en la resistencia. Mientras Irán muestra una capacidad de aguante mucho mayor gracias a su alto “umbral de dolor” —el régimen prioriza su supervivencia por encima del bienestar ciudadano—, Estados Unidos opera bajo presiones políticas internas.

El presidente Donald Trump, conocido por su poca paciencia, indica el analista, enfrenta eventos como el Mundial de Fútbol, el Día de la Independencia y su propio cumpleaños, además de las elecciones de noviembre.

“Es muy difícil gestionar una contienda cuando un lado está muy presionado por terminarla y la otra parte está dispuesta a pagar el precio”, explica Zimmt. “Los iraníes tienen muchísima paciencia”, reitera.

El investigador no descarta que Washington y Teherán logren finalmente un memorando de entendimiento (MOU)-en negociaciones actualmente-, pero advierte que incluso eso no garantizaría la paz. “Israel no va a estar satisfecho con ese acuerdo. No veo ningún acuerdo entre Irán y Estados Unidos que satisfaga el mínimo que exige Israel”, sentencia.

El próximo conflicto, cuestión de tiempo

La siguiente pregunta clave es si este alto el fuego puede transformarse en una paz duradera. La respuesta de Zimmt es desalentadora: “Lamentablemente sí”, se producirá una nueva escalada. Pero también es inviable para Israel tolerar que Irán recupere miles de misiles balísticos. “Un régimen iraní comprometido con la destrucción del Estado de Israel no puede permitirse tener miles de misiles balísticos. Me temo que, si bien no es una cuestión de meses, al fin y al cabo es muy probable que nos encontremos en una nueva ronda”.

Ejemplo de Reagan y venganza de Mojtabá

Frente a este panorama, Zimmt aboga por una estrategia que combine el debilitamiento gradual del régimen con acuerdos políticos realistas. Rechaza la oposición automática a cualquier negociación nuclear y pone como ejemplo la actitud de Ronald Reagan hacia la Unión Soviética: aunque creía en su colapso, no dudó en alcanzar acuerdos mientras tanto.

El mejor acuerdo posible, en su opinión, debería incluir al menos una postergación muy prolongada del enriquecimiento (10 años o más), disolver el uranio enriquecido al 60% y el retorno del control de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la ONU.

Sin embargo, la sombra de la política interna iraní sigue siendo decisiva. Mientras Mojtabá Jameneí, “lleno de sentimientos de venganza” tras la muerte de su padre y otros familiares en la guerra, esté al frente, las posibilidades de moderación son escasas.

Estrategia política o excelente inteligencia

El análisis de Raz Zimmt prefiere ser realista: los logros militares y de inteligencia —por impresionantes que sean, como la operación que descabezó en horas a buena parte del liderazgo iraní— no sustituyen a una reflexión estratégica. “Una excelente inteligencia no reemplaza una buena estrategia política”, afirma.

Y esa estrategia, para ser efectiva, necesita un componente que hoy no existe: una alternativa política interna en Irán. Mientras las fuerzas de seguridad sigan leales al régimen —a diferencia de lo que ocurrió en la Primavera Árabe de Egipto—, mientras no surja una coalición organizada de millones de iraníes en las calles, y mientras no haya fisuras significativas en el aparato represivo ideológico, el cambio político seguirá siendo una utopía.

¿Serán la ‘nueva normalidad’ las treguas frágiles, guerras recurrentes y una amenaza nuclear? Zimmt concluye que “al fin y al cabo hay que encontrar una vía para traducir los logros militares y operativos en acuerdos políticos estables. Pero sin un acuerdo, los logros operativos no pueden perdurar”.

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