La falta de oportunidades laborales, la precariedad económica y el deseo de un futuro mejor se convirtieron en el principal motor para que jóvenes paraguayos tomen la decisión de embarcarse hacia Europa para combatir como mercenarios en la guerra entre Rusia y Ucrania. Lo que empieza con el sueño de enviar dinero para construir una casa o saldar deudas, rápidamente se transforma en una pesadilla de incomunicación y, en muchos casos, la muerte en el frente de batalla.
Según datos confirmados por la Secretaría de Desarrollo, Repatriados y Refugiados Connacionales, al menos cinco paraguayos fueron reportados como fallecidos o desaparecidos en la zona del conflicto. Los nombres que engrosan esta nómina oficial hasta la fecha son: Óscar Javier Sánchez, Néstor Adrián Barreto, Derlis Michael Morel, Diego Simeón Martínez y César Parra.
Sin embargo, la cifra real podría ser mayor. De acuerdo con las autoridades, existe un “número importante” de compatriotas desplegados tanto en filas rusas como ucranianas.

César Parra, el último paraguayo reportado como fallecido
El caso de César Parra (32), un joven oriundo del departamento de San Pedro y exguardia de seguridad privada con formación militar, es una muestra de esta realidad. Marcial González, una persona allegada a César y que mantuvo contacto diario con él, relató los pormenores de su travesía. César se endeudó pidiendo préstamos a familiares y conocidos para pagar sus pasajes a Asunción y los trámites de documentación.
El 8 de marzo abordó el avión rumbo a Rusia tras firmar un contrato de seis meses que le prometía un salario aproximado de cinco mil dólares al mes. Solo un mes y siete días después, el 15 de abril, la familia recibió la llamada fatídica desde el propio ejército ruso: César había caído en la línea de combate.
“Hablamos mucho tiempo y me contaba que la cosa no era fácil. A veces no comían dos o tres días porque la comida no llegaba a la trinchera. Se mataban entre todos y ellos quedaban abandonados días enteros, sin agua y sin comida”, relató González.
Durante su breve estadía, César envió fotografías y audios desde helicópteros y trincheras, donde la barrera del idioma hacía aún más hostil la convivencia con combatientes de múltiples nacionalidades, como japoneses y coreanos.
Con su primer y único sueldo, César saldó hasta el último guaraní de las deudas que contrajo para viajar y le dejó una suma especial a su hija de 7 años, hoy huérfana, para comprar un terreno donde edificar una casa. No le quedó nada.
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Contratos, desinformación y barreras consulares
Guillermo Osorio, director general de Desarrollo Humano de la Secretaría de Repatriados, explicó la compleja situación jurídica y logística que enfrentan las familias de las víctimas. Tanto el protocolo ruso como el ucraniano establecen que, ante la desaparición o muerte de un combatiente, existe un plazo de hasta un año para confirmar la localización o no del cadáver. De momento, no hay confirmación de cuerpos hallados ni repatriados, solo la notificación del deceso.
En el caso de Rusia, el seguimiento se realiza a través de la Embajada de Paraguay en Moscú. En Ucrania, al no haber representación diplomática directa, las gestiones recaen en la Embajada paraguaya en Alemania.

Al firmar los contratos, los reclutas dejan un número de contacto de emergencia. Las notificaciones de fallecimiento suelen llegar a las familias mediante mensajes directos de comandantes o mandos militares.
Osorio señaló que las promesas salariales oscilan entre cinco mil y diez mil dólares mensuales, sumado a indemnizaciones por fallecimiento. Sin embargo, desde el Estado no pueden fiscalizar el cumplimiento real de dichos pagos.
Un joven de 28 años en el campo de batalla
La angustia no solo rodea a quienes perdieron a un familiar, sino a los que saben que sus seres queridos están actualmente bajo el fuego cruzado. Durante la misma conversación, Marcial González reveló que su propio hijo, Isidro (28), partió hace menos de un mes a combatir del lado ucraniano.
Isidro prestó servicio durante años en el Regimiento de Escolta Presidencial (REP) y trabajaba como guardia de seguridad antes de tomar la decisión en secreto.
“Él no nos contó nada a nosotros porque sabía que no le íbamos a autorizar. Hace unos 20 días que viajó y ya está en Ucrania, en el campo de batalla. Su hermano mayor es el que mantiene contacto y nos muestra las fotos. No sabemos cómo está ni hasta cuándo va a aguantar”, expresó.
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Redes de reclutamiento bajo la sombra
Tanto los testimonios de los familiares como la información de las autoridades apuntan a la existencia de redes u organizaciones no oficiales que reclutan paraguayos con formación militar previa o experiencia en seguridad privada.
A pesar de la gravedad de la situación, los familiares denuncian una falta total de controles migratorios y estatales para frenar la salida de jóvenes hacia este tipo de conflictos como mercenarios.

La mamá de César Parra tiene previsto viajar a Rusia a mediados de agosto, tiempo en que se cumplirían los seis meses del contrato firmado por su hijo, en un intento desesperado por recuperar sus pertenencias, averiguar el paradero del cuerpo y exigir el pago de los compromisos prometidos.
Mientras tanto, en varios puntos del país, más familias aguardan en silencio una llamada telefónica o un mensaje que les confirme si sus hijos siguen con vida.
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