Investigadores y especialistas consultados por EFE con motivo del Día Internacional de los Bosques Tropicales, que se conmemora este lunes, coinciden en que la deforestación, las sequías, los incendios y la expansión de actividades económicas son los principales factores que continúan erosionando unos ecosistemas con un papel clave en la estabilidad climática del planeta.
Así, el conocido como "punto de no retorno" en la Amazonía "no es una exageración", apunta la investigadora del Instituto de Ciencias Forestales del INIA-CSIC y miembro del Comité Científico del Panel Científico de la Amazonía, Dolors Armenteras, aunque matiza que "no se trata de una frontera única sino de una suma de umbrales locales y regionales".
Algunas zonas del sur y sureste amazónico, por ejemplo, "muestran señales preocupantes" hasta el punto de que durante los años más secos emiten más carbono del que absorben: un fenómeno relevante teniendo en cuenta que los bosques tropicales figuran entre los mayores sumideros naturales de CO2.
Armenteras recuerda que actualmente no existen tecnologías capaces de sustituir a la escala necesaria la función climática de estos ecosistemas e insiste en que conservar los bosques sigue siendo la medida de mitigación "más barata, más rápida y más probada" disponible.
A ello hay que sumar la amenaza sobre la biodiversidad, ya que una hectárea de bosque amazónico puede albergar más especies que territorios enteros de otras regiones del mundo, por no citar el riesgo de pérdida de culturas indígenas, conocimientos tradicionales y un aumento potencial de nuevas zoonosis.
En ese sentido, el biólogo Luis Saavedra señala que la destrucción de los bosques tropicales "no sólo afecta a los árboles o a las especies más visibles, sino también a componentes esenciales del ecosistema como los microorganismos, hongos y pequeños invertebrados del suelo", responsables de mantener la fertilidad y el funcionamiento ecológico de estos espacios.
Saavedra certifica la amenaza sobre el consumo excesivo de recursos porque, más allá de las necesidades de subsistencia de las poblaciones locales, existe una "elevada rentabilidad económica" en productos como las maderas tropicales, a lo que hay que añadir el impacto de la construcción de grandes infraestructuras y distintos problemas de gobernanza, todo lo cual "dificulta la conservación efectiva de estos territorios".
Una reducción significativa de los grandes bosques tropicales "tendría consecuencias globales" debido a su papel en la absorción de CO2 y la regulación climática, "con efectos que alcanzarían también a Europa y España a través del agravamiento del cambio climático".
Además, aunque los grandes bosques tropicales suelen asociarse a lugares como la Amazonía o el sureste asiático, España alberga un ejemplo singular en el Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera, donde se conserva una de las mejores muestras de laurisilva de todo el archipiélago canario.
El técnico en actividades medioambientales de este parque, José Aguilar, explica que este ecosistema constituye "un auténtico vestigio de los bosques que ocuparon amplias zonas de Europa durante el Terciario" y que encontraron refugio en los archipiélagos macaronésicos tras las glaciaciones.
Sin embargo, la laurisilva "es especialmente vulnerable al cambio climático y ya se observan señales de deterioro" como la disminución del mar de nubes, la reducción de los vientos alisios, los períodos de sequía más prolongados y la regresión de algunas especies especialmente dependientes de la humedad.
"De hecho lo estamos perdiendo", lamenta Aguilar, al referirse a las condiciones climáticas que han permitido la existencia histórica de este bosque, porque los programas de seguimiento ecológico detectan cambios progresivos en la composición de la vegetación.
A pesar de todo, los expertos mantienen cierto margen para el optimismo y recuerdan que estos ecosistemas conservan "una notable capacidad de recuperación si se reduce la presión humana, se fortalece las áreas protegidas y se mejora la gestión del territorio", medidas que consideran decisivas para evitar una degradación irreversible. EFE.