La Cumbre del Mercado Común del Sur (Mercosur), con presencia de presidentes de Estados miembros y asociados, se desarrolla en Luque, en la sede la Conmebol. La cita de altas autoridades concluye hoy.
Los discursos oficiales insisten en la necesidad de profundizar los lazos regionales, pero los datos contrastan con las declaraciones.
El secretario general de la Asociación Latinoamericana de la Integración (Aladi) no oculta la magnitud de los desafíos para la región, pero sobre todo de los líderes y actuales gobernantes, quienes desde su óptica se reúnen y pronuncian discursos, mientras la integración sigue esperando que las palabras se transformen en acciones concretas.
El secreto, según analiza, puede estar en pensar “un poco más que en la próxima elección” y comenzar a proyectar “en la próxima generación”.
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Asimetrías y la irrupción de China
Tres grandes obstáculos emergen del análisis de Abreu sobre el proceso integrador.
En primer lugar, las asimetrías derivadas de la geografía y el desarrollo desigual. “El Paraguay y el Uruguay no se pueden mudar”, sentencia, resaltando la condición de países pequeños obligados a negociar con gigantes regionales.
El secretario general criticó abiertamente “las políticas nacionalistas, proteccionistas de los países más grandes que tratan de proteger la ineficiencia de su producción”. Frente a esta realidad, reclama “mayor generosidad” en el manejo de las negociaciones y advierte que “las negociaciones son insatisfacciones compartidas”.
El segundo obstáculo se relaciona con el contexto global y la irrupción de China como socio comercial predominante.
“Es el socio principal del Uruguay, de Brasil, de Argentina, de Chile y de algunos otros países más”, afirma Abreu, señalando que en el caso del Mercosur, el gigante asiático ingresa “sin preferencias” al mercado. Esta dinámica, según su análisis, está “desmantelando todo el sistema de la micro y pequeña empresa, por ejemplo los textiles, los zapatos, los calzados”.
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Objetivos versus adjetivos
El tercer escollo remite a la fragmentación política y la polarización ideológica. “Antes los presidentes intercambiaban objetivos, discutían, tenían visiones diferentes, hoy en general no luego, intercambian objetivos, se empiezan a descalificar uno con el otro”, lamentó Abreu, quien observa una preocupante desconexión entre la retórica integracionista y las acciones concretas.
El Mercosur recibe críticas matizadas del secretario general, quien sostiene que “es mucho menos de lo que se pensaba, cambió enormemente”. Sin descartar el bloque, Abreu plantea la necesidad de “repensar ese tema, sobre todo por la vinculación y la inclusión social del micro, el pequeño y mediano empresario”.
El funcionario menciona ejemplos concretos de oportunidades desaprovechadas, como la hidrovía Paraná-Paraguay.
A pesar de su importancia estratégica para la salida de productos agrícolas y minerales, los países no logran acordar aspectos básicos como las “24 horas de navegación, del balizamiento, del peaje”. “Yo lo firmé hace muchos años esto, que los dragados, que los gobiernos no terminan, no se terminan de entender”, expresa con visible preocupación.
Crimen organizado y dimensiones económicas
Sergio Abreu introduce un elemento que trasciende lo comercial en el debate integrador: el crimen organizado y el narcotráfico. Estas actividades delictivas mueven cerca de “500 mil millones de dólares anuales en toda la región”, una cifra que evidencia la magnitud de un problema que erosiona la institucionalidad estatal.
“El Estado aquí en todo este mundo del crimen organizado hay en regiones enormes donde no controla, el peaje lo cobran las organizaciones, te apagan la luz”, describe Abreu, advirtiendo que el Estado “está perdiendo la capacidad de reaccionar”. Esta debilidad institucional impacta directamente en la soberanía y la gobernabilidad, condiciones necesarias para cualquier proyecto integrador.
El escenario externo tampoco ofrece certezas. “Hoy está en crisis todo el sistema multilateral de comercio”, diagnostica Abreu, quien recuerda haber participado en la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El funcionario observa con preocupación cómo Estados Unidos, impulsor original del sistema, “no cree en nada y ponga aranceles”.
Esta fractura normativa afecta particularmente a los países más pequeños, para quienes el derecho internacional constituye su principal herramienta de defensa. “La única forma que tiene es el derecho”, sostiene Abreu, aunque reconoce que “las normas están fracturadas”.
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Modernidad y brechas pendientes: “aterrorizante”
La inteligencia artificial, la digitalización y las nuevas tecnologías configuran un escenario que Abreu califica de “aterrorizante” para quienes no logren adaptarse. “Un algoritmo va a tomar una decisión antes que tomemos nosotros una decisión”, advierte, señalando las implicaciones éticas y morales de esta aceleración tecnológica.
El secretario general insiste en la necesidad de abandonar los esquemas mentales del siglo XX para abordar los problemas del XXI. “La educación hoy, por eso digo, sigue pensando con la cabeza del siglo XX en los problemas del siglo XX”, critica, vinculando esta obsolescencia educativa con fenómenos como el empleo informal, que afecta a más del 50% de la población económicamente activa de la región.
Comercio intraregional en mínimos
En veinte años, los trece países miembros de ALADI apenas comercian el 12% de su potencial bajo las preferencias arancelarias existentes, refiere Abreu. Las cifras hablan por sí solas, insiste.
“Todas las preferencias arancelarias que existen, que son muchas, apenas utilizan el 10%”, señala Abreu con crudeza. La brecha entre el diseño institucional y su utilización efectiva plantea interrogantes sobre el verdadero alcance del proceso integrador.
Abreu insiste en una fórmula que considera ineludible: “integración es inversión, comercio, empleo e inclusión social”. El eslabón débil de esta cadena, según el secretario, se encuentra en el tejido empresarial de menor tamaño.
Cerca de veinte millones de micro, pequeñas y medianas empresas integran el mapa productivo regional, pero apenas el 3% logra insertarse en los mercados internacionales, refirió.
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Este dato adquiere relevancia cuando se analiza el comportamiento del empleo y la productividad. Abreu vincula directamente la debilidad del tejido empresarial con “la brecha social ” que anticipa “se va a profundizar”, un fenómeno que encuentra en la educación uno de sus principales condicionantes.
En este contexto, mencionó que la ALADI impulsó una plataforma digital de facilitación comercial que busca desburocratizar los trámites aduaneros y homogeneizar normativas.
“Hemos liberado 70.000 millones de dólares en comercio de cosméticos y artículos del hogar”, destacó Abreu, aunque reconoció que estos avances resultan insuficientes frente a la magnitud de los desafíos.