El gravamen, anunciado la semana pasada, es el resultado de una investigación de la Oficina del Representante de Comercio de EE.UU. (USTR, por sus siglas en inglés), que concluyó que determinadas políticas brasileñas son “desleales” y perjudican los intereses de las empresas estadounidenses.
Entre esas prácticas citó el sistema de pagos automáticos PIX, las trabas para acceder a ciertos mercados brasileños, como el automovilístico o el de combustibles, la lucha contra la corrupción, las leyes de propiedad intelectual y la deforestación ilegal.
Se estima que la nueva tarifa adicional afectará al 18 % de las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos, aunque algunas asociaciones comerciales elevan el impacto a cerca de un tercio.
Los productos más golpeados serán las máquinas industriales, el azúcar, el etanol, la madera y el calzado.
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No obstante, Trump eximió del arancel a unos 2.100 productos, entre ellos la carne, el café, el petróleo, las piezas para la fabricación de aviones, el zumo de naranja y las tierras raras, insumos de extrema importancia para su mercado doméstico.
Mientras tanto, el Gobierno de Lula evalúa las opciones para responder.
En un primer momento, anunció que iba a activar “inmediatamente” los trámites previstos para adoptar represalias, recogidos en la llamada ‘Ley de Reciprocidad’, aprobada en abril de 2025 por el Parlamento.
Pero el vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, y varios ministros se encargaron de bajar el tono en los días siguientes y de reforzar que la prioridad es dar apoyo a las empresas afectadas.
Algunos sectores productivos nacionales ya han manifestado al Ejecutivo que no apoyan entrar en una escalada de aranceles con EE.UU., uno de los mayores socios comerciales de Brasil.
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No obstante, la situación podría agravarse en los próximos días, ya que Brasil es uno de los 60 países que están bajo investigación por EE.UU. por un supuesto uso de trabajo forzoso en sus cadenas productivas, lo que podría culminar en un arancel adicional del 12,5 %.
Por su parte, Lula se ha manifestado sobre el asunto apenas en sus redes sociales.
La semana pasada aseveró que solo se pronunciará cuando Trump, con quien ya ha hablado en persona y por teléfono varias veces en el último año, explique públicamente las razones del nuevo ‘tarifazo’.