Hoy se cumplen ocho años de la ejecución de la recordada operación Berilo, que tumbó al supuesto capo del narcotráfico Reinaldo Javier Cabaña Santa Cruz, alias Cucho. La ostentación que hacían él y sus hermanos y una fastuosa fiesta de cumpleaños en Ciudad del Este hicieron que la Senad le prestara atención a la estructura y abriera una investigación que recién ahora está para ser debatida en un juicio oral.
Reinaldo Javier Cabaña Santa Cruz nació el 8 de marzo de 1985. Desde joven, trabajó como pasero en el populoso barrio Remansito de Ciudad del Este, la capital del departamento de Alto Paraná.
Supuestamente a raíz de su lealtad, fue reclutado por la organización de Hugo Enrique Fanego Duarte, quien fue capturado en 2017 en el marco de la operación Azabache de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad).
Cuando cayó Fanego y después lo condenaron a 17 años de cárcel, el que supuestamente era su principal secretario, Cucho, pasó a ser el jefe de su propia organización, según la investigación.
A Cucho le iba bien como patrón. Rápidamente compró casas, vehículos de lujo, moteles e incluso levantó una imponente casa de verano a orillas del río Yguazú, en el municipio de Juan E. O’leary, siempre en el departamento de Alto Paraná. Esa propiedad pretendía ser una especie de imitación de la famosa hacienda Nápoles del narcotraficante colombiano Pablo Escobar.
Su último cumpleaños en libertad
En su cumpleaños del 2018, cuando cumplió 33 años, la historia de Cucho cambiaría para siempre.
Hizo una inolvidable fiesta, con invitados de todos los estratos sociales de Alto Paraná y hasta una exhibición de vehículos. De hecho, llegó al evento con sus hijos y en su emblemático automóvil Lamborghini Gallardo amarillo, que era una de las pocas unidades de esa versión en la región.
Esa fiesta fue ampliamente promocionada en las redes sociales de Ciudad del Este, porque era un derroche de ostentación.

Estos elementos, justamente, fueron los que llamaron la atención a los agentes especiales de la Senad, quienes se interesaron en el perfil de Cucho Cabaña.
Aunque era un secreto a voces que Cucho era un narcotraficante, no había ninguna prueba de eso. Ni siquiera había una investigación formal en curso porque, había sido, tenía compradas a casi toda la Policía y la Fiscalía de la zona.
El Departamento de Inteligencia Técnica (DIT) de la Senad, entonces, empezó a investigar formalmente a Cucho Cabaña.
La primera acción fue conseguir los números de teléfono de Cucho y sus colaboradores, que en su mayoría eran miembros de su familia o vecinos.
Después, se comunicó la investigación al Ministerio Público (MP). El fiscal Adjunto de Narcotráfico, Marco Alcaraz (hoy ministro de Inteligencia), asignó el caso a la fiscala Lorena Ledesma (hasta hoy dirige el caso), quien a su vez hizo la solicitud de autorización judicial para la interceptación de comunicaciones telefónicas de Cucho y su grupo.
Los reveladores audios de Reinaldo Cucho Cabaña
La orden para espiar a la organización fue concedida el 5 de abril de 2018 por la jueza Lici Teresita Sánchez.
Desde que se iniciaron las escuchas telefónicas, los analistas de la Senad se deleitaron con cada llamada que era grabada. Todo era un verdadero manjar investigativo.
Resulta que Cucho se creía intocable, nunca pensó iban a investigarlo o simplemente ignoraba que alguien podría espiar sus comunicaciones.
Lea más: Según Cucho, Ulises Quintana maneja la Fiscalía
En cada conversación telefónica, Cucho prácticamente se regalaba. Hablaba abiertamente de sus “negocios”, con quien sea. Gracias a esas escuchas, los agentes especiales en pocas semanas aprendieron más de la vida de Cucho que muchos de sus amigos.
Por ejemplo, los antidrogas comprendieron que uno de los principales colaboradores de Cucho era su hermano Marcelo Ricardo Cabaña Santacruz (actualmente preso). También se descubrió que Cucho tenía una amante, Rocío Azucena Medina Otazú (quedó desvinculada de la causa).
El hermano de esta, Diego Miguel Medina Otazú (actualmente preso), también actuaba como secretario de Cucho.

Vínculo con el exidiputado colorado Ulises Quintana
Otra sorprendente conexión detectada en las grabaciones fue con el político colorado Ulises Rolando Quintana Maldonado (actualmente en libertad, pero que afrontará juicio).
Este fue electo diputado para el periodo 2018-2023 y una de sus primeras acciones como parlamentario fue que supuestamente ordenó a la Policía liberar un dinero que Cucho enviaba a Asunción para comprar cocaína.
Lea más: La Fiscalía desnuda vínculos entre Cucho y parlamentario
De hecho, ese caso es el que derivó en el encarcelamiento del entonces diputado Ulises Quintana, quien además usaba para sus desplazamientos oficiales una camioneta del capo Cucho.
Con un impresionante caudal supuestamente probatorio conseguido en solo cinco meses, la Senad y la Fiscalía decidieron actuar ya a inicios de setiembre de 2018, pero un inesperado accidente de tránsito protagonizado por uno de los investigadores, cuando viajaba a Ciudad del Este, retrasó por unos días la operación.
Lea más: Tumban una organización de tráfico y lavado en el Este
Finalmente, el 6 de setiembre de 2018, casi 100 agentes especiales y una decena de fiscales efectuaron allanamientos simultáneos en Ciudad del Este, en la ahora conocida como operación Berilo.
Cucho, sus familiares más cercanos y otros colaboradores terminaron presos. Se incautaron también drogas, vehículos y otros bienes. Cucho escondía dinero hasta dentro del sofá de su sala.
Desde entonces, se viene desarrollando una larga batalla judicial entre ambas partes, que recién ahora podría llegar a término, cuando se inicie el juicio oral.
Lea más: “Caiga quien caiga; nadie es intocable”, advierte Marito
Tras prisión, arresto domiciliario
Cucho, por ejemplo, cumplió cinco años en prisión, salió por compurgamiento de pena mínima y hace tres años está en arresto domiciliario esperando justamente su juzgamiento. Podría ser condenado y volver por un largo tiempo a la cárcel.

La operación Berilo se inició durante el gobierno de Horacio Cartes, se ejecutó durante la presidencia de Mario Abdo Benítez y podría terminar ahora en el periodo de Santiago Peña.
El berilo es una piedra. Aunque los investigadores no revelaron por qué bautizaron el caso así, una versión sugiere que es porque Cucho era una piedra en el zapato de los organismos de seguridad en Ciudad del Este.



