El humo instala la angustia en Burdeos mientras el fuego sigue avanzando hacia la ciudad

Burdeos (Francia), 25 jul (EFE).- Burdeos huele a quemado. Los incendios que avanzan hacia esta ciudad del suroeste de Francia ya se sienten en sus calles, cubiertas este sábado por un humo gris amarillento que irrita la garganta y alimenta la inquietud de sus habitantes.

En el centro de Burdeos el incendio todavía no se ve, pero se respira.

"Esto parece el apocalipsis", dice un repartidor de poco más de veinte años mientras descarga cajas de bebidas de un camión cerca de la estación de tren de Saint-Jean. Levanta la vista hacia el cielo cubierto de humo. "Huele a quemado. Mira el cielo, mira".

A pocos metros, una mujer mayor pasea a su perro con una mascarilla en el rostro. "Dicen que se acerca. Yo empiezo a tener miedo", admite. Padece asma y señala la bruma que envuelve la ciudad. "Dicen que este aire es malo".

En la estación, una pareja de jóvenes alemanes avanza con sus mochilas a cuestas hacia los andenes. Habían planeado pasar quince días de vacaciones en la bahía de Arcachon, pero sólo han estado cinco.

"Nos vamos", explican. Desde ayer esperaban en Burdeos a que mejorara la situación, pero ya no esperan más. "Volvemos a casa".

Mientras la ciudad intenta seguir con su rutina, a las afueras la emergencia tiene otro rostro.

El Parque de Exposiciones y de Convenciones de Burdeos se ha convertido en un inmenso centro de acogida para los evacuados. Durante toda la noche no dejaron de llegar coches con familias obligadas a abandonar sus casas, la mayoría por precaución ante el humo tóxico que invade las zonas próximas a los incendios.

Pasada la medianoche todavía seguía formándose una larga caravana de vehículos a la entrada del recinto. Dentro viajaban niños dormidos, mascotas, algunas maletas preparadas a toda prisa y personas que no sabían cuándo volverán a ver sus casas.

El recinto había preparado alrededor de un millar de plazas, pero quedó completamente desbordado en pocas horas. Desde la una de la madrugada las colchonetas comenzaron a extenderse por el suelo de los pabellones y este sábado las autoridades seguían habilitando nuevos espacios para alojar a los evacuados.

Algunos han pasado la noche sobre el suelo. Otros, dentro de sus propios coches.

Entre los desplazados hay ancianos, bebés, personas con discapacidad y enfermos. Una mujer de 87 años, en tratamiento por un cáncer de mama, contó a EFE que condujo sola hasta Burdeos después de recibir la orden de abandonar su apartamento en plena noche.

Muchos llegaron sin orden oficial de evacuación, impulsados únicamente por el avance del humo y el temor a quedarse atrapados, lo que ha complicado todavía más la organización del dispositivo de acogida.

Dentro del recinto, decenas de voluntarios reparten agua, comida y mantas mientras un pequeño hospital de campaña atiende las primeras necesidades médicas.

Los evacuados comparten espacio con los bomberos que utilizan el parque como base de operaciones. Las conversaciones son discretas, pero en casi todas se repite el mismo deseo: volver a casa.

Fuera, el viento sigue soplando hacia Burdeos. La lluvia caída durante la noche apenas alivió unas horas una situación que continúa deteriorándose.

Más de 140.000 personas han sido evacuadas por unos fuegos que avanzan sin freno hacia la metrópolis bordelesa y que ya han arrasado más de 22.000 hectáreas: unas 19.000 en Gironda, donde las autoridades hablan de un incendio "XXL", y otras 3.000 en el departamento vecino de Las Landas.

El Gobierno francés califica la situación de "nunca vista" y ha anunciado el envío de un millar de militares adicionales para reforzar un dispositivo desbordado por dos fuegos que no dejan de crecer.

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