Investigadores de las universidades italianas de Pisa y Turín (norte), en colaboración con la de Yale (EE.UU), han logrado secuenciar el perfil genético de un microorganismo que causaba esa enfermedad y que se encontraba alojado en las costillas del dignatario —padre de la reina María de Francia—, cuyos restos reposan en las Capillas Mediceas de Florencia (centro).
Y los resultados del estudio han confirmado que la causa del deceso fue una forma fulminante de malaria, según avanza a EFE la experta en Paleopatología de la Universidad de Pisa, Valentina Giuffra.
La científica explicó que la genómica moderna ha aportado la "prueba definitiva" que ratifica los diagnósticos realizados en 1587 por los propios médicos de la corte toscana, cuyas crónicas describían con precisión fiebres intermitentes y altas temperaturas.
"Para nosotros era una certeza muy alta porque ya las fuentes históricas describían febrículas tratadas con sangrías que aceleraron el deceso, pero ahora la prueba del ADN nos da la confirmación absoluta", señaló Giuffra, en alusión al análisis de los restos, realizado con las científicas Serena Tucci y Gisella Caccone.
El hallazgo, publicado en la revista científica iScience, desacredita de forma directa una investigación realizada en 2006 por la Universidad de Florencia, según la cual la causa de muerte fue envenenamiento con arsénico tras analizar presuntos restos de vísceras y barba.
Giuffra sostiene que aquel trabajo carecía de solidez metodológica debido a que en el sepulcro ducal jamás existió vello facial y a la imposibilidad biológica de atribuir las vísceras encontradas en vasijas al gran duque.
"Incluso si encontraron arsénico, no es seguro que perteneciera a Francisco I; en la tumba solo había huesos", aseveró la científica italiana.
Las sospechas de asesinato comenzaron a circular en la Florencia del siglo XVI no solo por la corta diferencia temporal entre los fallecimientos del matrimonio, de solo un día, sino también por las conocidas desavenencias entre el mandatario y su hermano menor, el cardenal Fernando, quien inmediatamente asumió el poder.
No obstante, los registros clínicos de la época demuestran que ambos habían contraído la infección tras visitar zonas pantanosas y que el tratamiento médico aplicado resultó contraproducente.
"Un paciente ya debilitado por la malaria que es sometido a sangrías frecuentes se debilita todavía más, lo que aceleró su deceso", detalló la experta de la Universidad de Pisa.
La investigación sobre la cripta ducal comenzó hace dos décadas bajo la dirección del paleopatólogo Gino Fornaciari con la exhumación de los cadáveres, si bien las herramientas de la época resultaban insuficientes para aislar el material biológico del parásito.
"Hace veinte años el análisis genético ya existía, pero no permitía detectar la malaria; con el avance tecnológico probamos nuevas herramientas con Yale y el resultado fue positivo", rememoró Giuffra.
El mapa molecular reveló que el duque padecía una infección por dos cepas del género Plasmodium (P. falciparum y P. malariae), sacando a la luz además una variante biológica extinguida e inédita para la ciencia que permite reconstruir la evolución histórica de la enfermedad.
Con la muerte de Francisco I a los 46 años tras un reinado volcado en las artes y la ciencia, el rico Gran Ducado toscano pasó a manos de su hermano Fernando, a quien este estudio ha absuelto cuatro siglos después de su papel de villano de esta leyenda negra.