La agencia ha examinado 4.658 lugares entre ríos, lagos, estuarios, canales y costas marinas, en los que ha tenido en cuenta la presencia de vida salvaje, la calidad del agua (para consumo humano o animal) y el estado del hábitat físico en el entorno.
Con excepción de ese 14,3 % que puede considerarse "en buen estado ecológico", el resto está afectado en mayor o menor medida por vertidos regulares o irregulares, presencia de fertilizantes agrícolas, pesticidas de jardín, productos petroleros y desechos diversos en ciudades y en campo abierto.
Con estas cifras, se hace muy difícil llegar al objetivo gubernamental de devolver un 25 % de las aguas a un aceptable estado ecológico para 2027; lo que es peor, la última medición de 2019 mostraba cifras algo mejores, pues entonces las aguas consideradas limpias sumaban un 16,3 % del total.
La EA matiza que basta que se cumpla un solo criterio de impureza -que sea agua impropia para peces o plantas, o tenga altos niveles de fosfato o de amoníaco, por ejemplo- para que ese punto de agua se considere contaminado.
Salvando esta puntualización, la EA subraya que un 82 % de los indicadores tomados individualmente pueden considerarse en media o buena condición, lo que consideró "alentador".