Con este nuevo memorando anunciado hoy por el Ministerio de Exteriores sirio -reproducido por la agencia oficial de noticias siria SANA-, se iniciará "el proceso de reorganización de la presencia rusa en la costa siria", donde Damasco asumirá la gestión de las instalaciones civiles -principalmente el aeropuerto de Hmeimim y el cuarto muelle comercial del puerto de Tartús- para integrarlos gradualmente a la administración civil.
Este supone el fin de "un año y medio de intensas negociaciones y conversaciones" entre las nuevas autoridades sirias y Rusia, que intervino militarmente en la guerra de Siria en 2015 a petición de Al Asad, derrocado en diciembre de 2024 y exiliado desde entonces en Moscú.
Las bases militares se convertirán, de acuerdo con el texto, en "centros conjuntos de entrenamiento y rehabilitación", un proceso que debe completarse en un plazo máximo de tres meses.
"Este paso es el más significativo desde que comenzaron las negociaciones hace aproximadamente un año y medio, y abre la puerta a una nueva etapa en las relaciones sirio-rusas", añadió Exteriores sirio.
Por su parte, el presidente de la Autoridad General de Aviación Civil y Transporte Aéreo sirio, Omar Hosari, confirmó que hoy el gobierno sirio ha recibido el Aeropuerto Internacional de Latakia, adyacente a Hmeimim, lo que "representa un paso importante en el proceso de recuperación y puesta en marcha de los aeropuertos sirios y su reintegración al sistema nacional de aviación civil".
Indicó que los equipos especializados de la autoridad han iniciado las labores de evaluación técnica y operativa del aeropuerto, sus instalaciones y sistemas, con el fin de elaborar un plan de rehabilitación.
La base naval de Tartús ha sido utilizada desde la década de 1970 tras un acuerdo entre la Unión Soviética y Siria, mientras que la aérea de Hmeimim fue construida y utilizada por las tropas rusas en 2015 para una mayor presencia en la intervención militar en favor del régimen de Al Asad.
En 2017, en medio de un importante acercamiento debido a la influencia rusa en Oriente Medio, Damasco y Moscú firmaron un tratado de arrendamiento de ambas bases por 49 años que daba plenos poderes operativos a las tropas rusas.
Tras la caída de Al Asad, estas dos bases quedaron fuera del control de las nuevas autoridades de Siria, por lo que comenzó un proceso de negociación entre Damasco y Moscú para definir un nuevo estatus de sus relaciones militares y diplomáticas en medio del proceso de transición que aún continúa en el país árabe.