El 4 de agosto de 2026, Paraguay y Estados Unidos firmaron en este último el Memorando de Entendimiento sobre Cooperación Nuclear Civil Estratégica (NCMOU) que busca integrar al país en la arquitectura de seguridad y energía de Washington en el Cono Sur.
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Este acto, presidido por el secretario Marco Rubio y el canciller Rubén Ramírez Lezcano, posiciona a Paraguay como un “socio prioritario” en la región para el desarrollo de nuevas tecnologías tendientes a asegurar el suministro de energía eléctrica en el país. Más aún cuando las hidroeléctricas están llegando al máximo de su capacidad.
En este sentido, el Dr. Jorge Molina, ministro de la Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear (ARRN) explica los alcances del proyecto.

–¿Qué implica realmente este acuerdo?
–El NCMOU es un paso previo no vinculante, una declaración de interés político para trabajar en infraestructura y regulación. Es la plataforma que nos permitirá desarrollar la base técnica necesaria para negociar el “Acuerdo 123”, que sí es vinculante y autoriza la transferencia física de tecnología y hardware. Estimamos que la validación institucional para llegar a ese tratado definitivo tomará entre un año y un año y medio si avanzamos con celeridad.
A diferencia de un contrato de compra inmediato, este memorando sirve para estrechar lazos entre reguladores y científicos, alineando a Paraguay con los estándares de seguridad estadounidenses.
El Acuerdo 123 de los EE.UU.
Según la Ley de Energía Atómica de 1954 de los Estados Unidos, solo un “Acuerdo de Sección 123” permite la exportación formal de componentes nucleares, exigiendo criterios rigurosos de no proliferación. Por ello, este instrumento preliminar es vital para que el país estructure su legislación nacional antes de recibir equipos.
–Se habla de microrreactores y reactores modulares pequeños (SMR). ¿Cuáles son sus características y plazos de implementación?
–Los microrreactores generan hasta 30 MW, tienen un funcionamiento sencillo y proyectamos que podrían estar operativos hacia el 2030. Los SMR son medianos, de hasta 300 MW, y su despliegue llevaría unos 10 años debido a la formación de personal y la lista de espera mundial para fabricarlos. La ventaja fundamental es que son modulares; se fabrican íntegramente en origen y vienen para ser instalados casi como un sistema “plug and play”.
–En Paraguay, ¿qué tipo de reactores queremos?
–Dependerá de la necesidad. La idea que tenemos es liberar para que cada empresa pueda comprar lo que necesita. Atome, por ejemplo. En ese caso, en el supuesto de que la ANDE sature, una empresa como Atome puede instalar cuatro o cinco reactores…

Una casa de dos pisos
Estos dispositivos rompen con el imaginario de las centrales atómicas gigantescas. Un microrreactor de 30 MW tiene dimensiones similares a una casa de dos pisos y puede ser transportado en camiones hacia zonas remotas. Al ser compactos y diseñados para operar de forma autónoma (idealmente), ofrecen una versatilidad inédita para alimentar polos industriales o comunidades aisladas sin necesidad de grandes redes de transmisión.
–El público asocia lo “nuclear” con desastres del pasado (por ejemplo, Fukushima y Chernobyl). ¿Qué riesgos reales existen con estas nuevas tecnologías? Porque puede ser energía limpia pero no inocua.
–Los accidentes históricos ocurrieron principalmente por fallas en las bombas mecánicas que mantenían el flujo de agua de enfriamiento. Los nuevos modelos cuentan con seguridad pasiva, utilizando circuitos naturales por convección que no dependen de bombas eléctricas para evitar el sobrecalentamiento. Además, manejan una cantidad de uranio muy reducida, lo que físicamente impide que exploten de la manera en que lo hicieron los reactores antiguos. La seguridad intrínseca se apoya además en la tecnología del combustible. El uranio (enriquecido para estos casos entre 3% a 20%) se encapsula hoy en tres capas de silicio (TRISO), capaces de soportar calores extremos sin fundirse ni liberar contaminantes. Si ocurriera una eventual liberación de material, este caería por gravedad en lugar de dispersarse por el viento, minimizando drásticamente cualquier riesgo de contaminación ambiental a gran escala.
–¿Dónde se proyecta ubicar estas unidades y qué impacto tendrán en el uso de recursos como el agua?
–Los microrreactores son ideales para el Chaco paraguayo porque muchos modelos pueden autorrefrigerarse con aire, eliminando la necesidad de estar cerca de grandes cursos de agua. Están diseñados para funcionar en desiertos o selvas. Para los SMR medianos, el requerimiento hídrico es mínimo, funcionando en circuitos cerrados que operan como una pileta, lo que protege el caudal y la temperatura de nuestros ríos.
Uranio, futuro commodity
Respecto al suministro, Paraguay posee depósitos de uranio económicamente viables en Yuty y Coronel Oviedo. No obstante, el plan estratégico prevé que el mineral local se comercialice como un commodity internacional, mientras que los reactores adquiridos vendrán con su combustible enriquecido (LEU al 3-5%) ya cargado en vainas específicas por la empresa proveedora, garantizando el cumplimiento de las salvaguardias del OIEA.
–¿Cuál es la ventaja estratégica de esta apuesta frente a nuestras represas binacionales?
–La energía nuclear es “despachable” y confiable las 24 horas del día, independientemente de si hay sol, viento o lluvia. En 2024, sufrimos una sequía que redujo la producción de Itaipú en un 40%. La tecnología nuclear garantiza la estabilidad de la red y permite que la industria opere sin interrupciones, ofreciendo un complemento necesario para cuando el régimen de lluvias no es favorable.
Capital humano
El mayor desafío inmediato para Paraguay es la formación de capital humano especializado, un proceso que demanda entre 7 y 10 años de instrucción técnica. Geopolíticamente, el acuerdo alinea al país con los estándares de Washington frente a ofertas de otras potencias, asegurando una soberanía energética basada en la cooperación tecnológica de vanguardia y el uso estrictamente pacífico de la energía atómica.
