La expedición, liderada por National Geographic Pristine y a invitación del Gobierno samoano, recorrerá arrecifes, montes submarinos, zonas de mar abierto y ecosistemas de aguas profundas para generar información científica que sirva de base al seguimiento y la gestión del plan nacional de ordenación marina, confirmó este lunes a EFE la organización, nacida en 2008 y centrada en la protección de los océanos.
Samoa, un archipiélago polinesio de unas 200.000 personas situado en el Pacífico Sur, entre Fiyi y la Samoa Americana, alberga cerca de un millar de especies de peces registradas, unas 200 especies de coral y alrededor de 2.000 especies de caracoles marinos.
Sus aguas también forman parte de las rutas migratorias de la ballena jorobada y otras especies amenazadas, además de ser zona de reproducción de la tortuga carey, en peligro crítico.
El primer ministro samoano, Laaulialemalietoa Polataivao Fosi Schmidt, afirmó en un comunicado que la expedición reforzará el conocimiento sobre la biodiversidad de las nuevas reservas marinas y proporcionará una referencia científica para evaluar su evolución a largo plazo.
El país adoptó en 2025 su Plan de Ordenación Espacial Marina tras varios años de consultas con comunidades, organismos públicos y otros actores, y lo puso en vigor en abril de 2026 mediante una orden ejecutiva.
El marco establece la gestión sostenible del 100 % de las aguas nacionales y amplía la protección marina con nueve nuevas reservas oceánicas y una red de áreas costeras gestionadas por comunidades locales, que abarcan unos 36.000 kilómetros cuadrados.
Durante la expedición, los investigadores emplearán buceo científico, cámaras submarinas, análisis de ADN ambiental (eDNA) y un sumergible de exploración para documentar ecosistemas poco estudiados, mientras un equipo de documentalistas registrará el trabajo de campo y la relación de las comunidades con el océano.
Los pequeños Estados insulares del Pacífico figuran entre los países más expuestos a los efectos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar, el calentamiento de los océanos y la degradación de los arrecifes de coral, de los que dependen buena parte de la pesca, la seguridad alimentaria y el turismo.
En ese contexto, Samoa se presenta como uno de los primeros países de la región en cumplir la meta internacional de proteger el 30 % de sus océanos antes de 2030, objetivo acordado en el marco mundial para la biodiversidad.