"Dentro de sus hábitos tienen el mismo ciclo de vida y hábitats similares. Entonces, todo indicaba que deberían tener distribuciones y riquezas parecidas, pero resultaba que no era así", explicó el doctor Sebastián Rosenfeld, investigador del Laboratorio del Ecología Molecular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, del Instituto Milenio BASE y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC).
El equipo científico analizó ejemplares recolectados entre 2017 y 2023 en 19 localidades antárticas y subantárticas, combinando información genética, características morfológicas, distribución geográfica ancestral y análisis de la rádula -una estructura que estos caracoles utilizan para alimentarse- para establecer sus relaciones evolutivas.
Según los investigadores, estos desplazamientos no habrían sido habituales, sino acontecimientos excepcionales posiblemente asociados a tormentas u otras condiciones capaces de favorecer el transporte de grandes masas de algas.
Una vez establecidos en nuevos territorios, los grupos quedaron aislados geográficamente y comenzaron a diferenciarse tanto genética como morfológicamente.
"Estamos en presencia de posiblemente cuatro géneros", señaló Rosenfeld, quien consideró que este resultado abre un nuevo escenario para comprender la diversidad del grupo.
Para Elie Poulin, coautor del estudio y director del Instituto Milenio BASE, los resultados muestran cuánto queda por conocer sobre la biodiversidad del océano Austral y pueden contribuir a anticipar cómo responderán sus especies ante los cambios ambientales.
"Comprender cómo se originaron y diversificaron sus especies no solo permite reconstruir su historia evolutiva, sino también anticipar cómo responderán frente a cambios ambientales acelerados", afirmó.