Esto fue, por supuesto, una acción preparada con anterioridad: la capital y otras seis jurisdicciones del norte de Taiwán vieron, por primera vez, cómo se reducía la velocidad de la red de datos móviles durante un simulacro de ataque aéreo, con el fin de poner a prueba la capacidad de respuesta de la población ante un posible bloqueo de las comunicaciones por parte de Pekín.
Este ensayo formaba parte de los ejercicios de “resiliencia urbana” que la isla celebra todos los años y que coincidieron en el tiempo con las maniobras Han Kuang, los mayores juegos de guerra de Taiwán, destinados a reforzar la preparación de las tropas ante un posible intento de invasión china.
A las 14:30 hora local (03:30 hora paraguaya), como estaba previsto, las sirenas antiaéreas sonaron por todo Taipéi y sus más de 2,4 millones de habitantes recibieron el mismo mensaje en sus teléfonos móviles, escrito tanto en mandarín como en inglés, informándoles sobre “ataques aéreos simulados contra la infraestructura de comunicaciones”.
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En los alrededores de la estación de metro de Songjiang Nanjing, una zona repleta de oficinas, comercios y restaurantes que presenta gran actividad a primeras horas de la tarde, las calles se vaciaron en pocos minutos y los transeúntes cooperaron con las autoridades en la búsqueda de un lugar seguro: las multas por no hacerlo eran de hasta el equivalente a 4.660 dólares estadounidenses.
Una vez en el refugio antiaéreo -en este caso, el interior de la estación de metro; en otros, aparcamientos subterráneos o sótanos de edificios residenciales-, los ciudadanos esperaron pacientemente a que terminara el simulacro, sin mostrar signos visibles de nerviosismo o molestia.
Durante los treinta minutos que duró el ejercicio, EFE comprobó que era imposible emplear los datos móviles para acceder a sitios web o utilizar aplicaciones, si bien las redes wifi, las líneas de telefonía fija y otros servicios esenciales, como cajeros automáticos, semáforos o ambulancias, no se vieron afectados.
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El simulacro, que también se celebró el 10 de agosto en la región central de la isla, refleja la creciente preocupación del Gobierno taiwanés por garantizar la continuidad de las comunicaciones durante un eventual conflicto con China, que no descarta el uso de la fuerza para hacerse con el control de este territorio.
La administración del actual presidente isleño, Lai Ching-te, ha insistido en los últimos dos años en mejorar la preparación civil ante cualquier contingencia, al entender que la defensa de Taiwán pasa, necesariamente, por implicar a todos los sectores de la sociedad, no solo a las fuerzas armadas.
“Cuanto más practiquemos, más resilientes nos volveremos; cuanto más resilientes seamos, más estable será la sociedad cuando ocurran imprevistos y menor será el impacto en nuestras vidas”, declaró el mandatario unas horas antes del ejercicio.